Hablamos con Cepeda, cantante y compositor gallego que comprende la naturaleza de la creación musical como una extensión de la verdad individual

P: ¿Quién es Cepeda? ¿Cómo definirías tu faceta musical? ¿Está vinculada de alguna manera a tu faceta personal?
R: Pues mi faceta como músico viene dada porque me he criado entre músicos, ya sea por la industria o por mi padre. La definiría de una forma bastante sincera, la música es una forma de expresar muchísimas cosas que tienen que ser verdad. Tienes que haber vivido mucho y ser muy consciente con lo que dices y lo que haces, porque tu música la va a escuchar mucha gente y se pueden sentir identificadas o no. Aparte de músico o cantante, me considero escritor y, sobre todo, sincero.
P: En mayo sacaste tu último disco, “Llámame Luis”. En el proceso compositivo de un álbum, hay canciones que se quedan fuera del proyecto final, canciones que narran una verdad que quizá quieres expresar pero que no acabas integrando en el concepto del disco. ¿Qué relación tienes con estas canciones?
R: Cuando te hablo de sinceridad, te hablo de sinceridad presente. No le veo sentido a sacar una canción que hable de algo que ya no sientes, que ya ha pasado, que se ha estropeado o no funciona, porque a la hora de defenderla en un escenario, va a sonar a mentira. Hay muchas canciones que yo creía que sí que podían salir adelante por circunstancias personales y que acabaron en el cajón porque todo cambió. No obstante, las canciones que se quedan en el cajón se quedan ahí porque no llego a conectar con ellas cuando llevo más de la mitad de la composición. Cuando tengo una estrofa y un estribillo, la escucho veinte veces y no termino de conectar con ella, por mucho que cuente cosas mías, las abandono, y como esas hay muchas.
R: Las redes sociales y los focos mediáticos forman parte de la cotidianeidad de los músicos que alcanzan ciertas cotas de popularidad, y el ruido ajeno puede llegar a obstaculizar tu vínculo con la inspiración. ¿Cómo se gestionan los altibajos provocados por la presión de las redes y los medios? ¿En qué repercute en la creación musical?
R: Repercute en el sentido de que tienes que ser menos explícito en tus canciones para no generar polémica ni hablar de tu vida personal. Las personas que salimos del programa de OT tenemos esa pequeña carga de tener que ser más conservadores con nuestra vida privada, porque interesa más que la de cantantes mucho más populares y de quienes solo interesa su música. Hay tanta gente que se interesa por nuestra que vida que hay que hacer el doble de esfuerzo para no generar ese tipo de polémica.
P: En el ritmo acelerado de lanzamientos que fomenta la industria actual, el álbum se presenta como un formato cada vez más difícil de encajar en la vida del oyente contemporáneo. Como músico y persona que ha crecido entre músicos, ¿qué opinión te debe la idea de “consumir música”, como quien consume cualquier otra banalidad?
R: A ver, hoy en día la música se consume mucho más rápido que antes, tanto los discos como las canciones duran muchísimo menos. Antes una canción era eterna, y te sonaban todas las canciones de un disco del Canto del Loco, de los Hombres G, de Dover… Ahora la gente saca disco, funciona una canción mucho mejor que el resto, y luego ya se olvida. Es una lástima, yo intento trabajar desde un punto híbrido. No puedo trabajar desde un punto antiguo porque ya no se hace, pero me gusta sacar álbumes y tener todo bien cuadrado. Hay que encontrar un punto medio entre lo que se hace ahora y lo que se hacía antes.
P: El canto colectivo del público en un concierto siempre es afinado, un fenómeno particular que solo ocurre en el directo. ¿Qué significación tiene para ti la relación que se establece desde el escenario con el oyente? ¿Concibes el directo como un refugio vital?
R: Sí, conectar con la gente y ver que afina cantando tus canciones es una manera directa de comprobar que tu trabajo está muy bien hecho y que ha conectado con tu público, es para lo que se hace mi trabajo. Hoy en día, lo más gratificante para un músico es ir a un concierto y que el público canta sus canciones, no ver que su canción ha alcanzado siete millones de reproducciones por hacerse viral en Tiktok. Me satisface más ver cómo veinte personas en una sala están cantando la canción entera que el hecho de que un vídeo mío llegue a tener millones de reproducciones.