Hablamos con Roi Porto, artista multidisciplinar coruñés que exalta la exteriorización de los sentimientos como un proceso de catarsis y evolución individual

La manifestación artística del individuo alberga una infinidad de posibilidades de expresión que no se deben omitir. La inspiración aparece cuando así lo determina, encauzada en el curso de la experiencia azarosa, y puede demandar una materialización distinta en función del propósito de su presencia, pero todas sus vertientes convergen en la virtud compartida de concitar un acto de sinceridad emocional. Desde Cool Coruña, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Roi Porto, artista multidisciplinar de A Coruña que otorga libertad absoluta a la inspiración para moldear la catarsis individual.
P: ¿Quién es Roi Porto? ¿Cómo te definirías como artista?
R: Me definiría como un artista en constante evolución, totalmente ecléctico y con demasiadas inquietudes artísticas como centrarme en una sola cosa. Hago cosas de diseño, hago joyería artística, hago escultura de neón de vidrio soplado… Quedándonos más en la música, me definiría como un artista con las ideas muy claras, con ganas de compartir sus vivencias con los demás, porque considero que el arte es liberador, y hablar de tus heridas te hace más poderoso todavía, y trato de ser inspirador para los demás. Con todo esto, además de que se baile, si consigo ayudar a quien escucha mis canciones, para mí eso es un regalo.
P: Tu último single, Quiero Ser Libre, constituye una declaración de intenciones genuina, un canto a la libertad de ser, y una exaltación de la idiosincrasia personal en contraposición a los patrones establecidos de la sociedad, desde un pop electrónico que invita al movimiento. ¿Por qué crees que el matiz electrónico refrenda el mensaje de libertad que transmites en la canción?
R: La música electrónica es liberadora, invita al movimiento y va muy ligada al momento actual. Surge de los márgenes, de experimentar, y no es algo académico. Me parece el acompañamiento perfecto, a golpe de beat, para exaltar el mensaje de la canción, que resulte más liberadora y que cale realmente, que no se quede en la superficie. Con un acompañamiento musical más clásico, más liviano, el mensaje seguiría siendo potente, pero no tendría tanta fuerza.
P: ¿Cómo se traslada a una canción la compleja relación entre los sentimientos y uno mismo? ¿Das más prioridad a la armonía, a la letra, o a una sinergia equilibrada de ambas?
R: Se traslada de una forma muy natural. Hablar de sentimientos es algo liberador y poderoso, que lejos de hacerte daño te hace muy fuerte. Es algo muy visceral que te conecta contigo mismo, y verbalizar las cosas te coloca en una posición muy alejada del problema inicial, por tanto, la música para mí es terapia. También trato de ayudar a quien escucha las canciones, siempre te puedes sentir identificado con alguna parte y me consta que conecta mucha gente con ello, y eso es algo que me hace especial ilusión. Dicho esto, creo que tiene que haber una sinergia muy clara entre música y letra, porque de nada vale un mensaje muy potente si no la abraza la música y se crea esa magia que toda buena canción debe tener.
P: La música siempre ha sido un vehículo de activismo social, una corriente incansable con la que manifestar valores fundamentales de la sociedad. Sin embargo, en los tiempos de la superficialidad inducida por las redes sociales y la inmediatez. ¿En qué punto se encuentra la música como motor del cambio? ¿Se está convirtiendo en una industria que únicamente mira por intereses económicos?
R: Pienso que muchas veces se nos olvida el motivo inicial por el que hacemos música, que debería ser puramente artístico. También creo que se mira mucho a lo que hace el de al lado, y si funciona un tipo de música o letras concretas, se tiende a hacer una copia y pega y hacer productos bastante similares. Para mí, esa manera de funcionar quita lo fundamental de la música, que cada artista sea único, tenga una identidad propia y que aporte algo distinto en cada canción y género. Por desgracia, el algoritmo es voraz, y los números también. Caer en eso es muy triste y vacío, y atiende a gritos de la industria, que es igual de voraz que el algoritmo. Por suerte para mí, soy un artista totalmente independiente, que pasa totalmente de números y hasta de lo que puedan opinar los demás, voy por libre. Poder estar haciendo lo que me gusta, como me gusta y cuando me gusta es un triunfo. Trato de no caer en esa vorágine, pero sí que es bastante triste ver como la industria, a través de la exigencia de números y de crear productos clichés, destruyen la carga emocional que debería tener la música.
P: Para terminar, háblanos sobre tus proyectos futuros.
R: Pues seguir haciendo música. Ahora estoy haciendo nueva música con Maximiliano Calvo, que es un gran amigo con el que ya he trabajado más veces. Por otro lado, tengo un proyecto bastante grande de joyería artística que siempre he tenido guardado en el cajón para buscar tiempo, pero he conseguido sacar tiempo para ello, y seguir pinchando, por supuesto. Por primera vez en mi vida y carrera, estoy disfrutando al cien por cien de todo lo que estoy haciendo, porque a veces vamos muy subidos de trabajo y nos perdemos en la vorágine sin disfrutar del proceso ni valorar lo que se tiene. Ahora estoy disfrutando de cada paso, y esos son mis planes futuros, sacar música nueva, sacar adelante mi marca de joyería artística (en vidrio soplado, plata esculpida en cera y gemas). Esas son mis premisas para el 2026, además de hacer más shows, que es algo que no hacía demasiado porque no tenía un repertorio tan amplio y ahora sí lo tengo. Por tanto, la idea es montar un show con trasfondo, que no se quede en un simple concierto, la idea es que aporte algo nuevo y que haga reflexionar.
