Hablamos con Belén López Cillero, investigadora y comisaria de la exposición Por qué ninguén falou de elas, una muestra que constata el sufrimiento y la represión experimentados por las mujeres internadas en el Patronato de Protección a la Mujer

P: ¿Quién es Belén López Cillero? ¿Cómo definirías tu faceta como comisaria?
R: Bueno, lo de comisaria es algo que he empezado a cultivar en estos últimos tiempos, a raíz de mi tarea como investigadora, y también tengo una pequeña galería en la plaza de San Agustín, que se llama Galería Tía Pili. Fue un poco por esto por lo que se me ocurrió pedir la colaboración con el Ayuntamiento para llevar a cabo la exposición. Yo no tenía nada que ver con este tema, yo estudié Trabajo Social y Filosofía, y toda mi vida me he dedicado a otro sector, pero desde siempre he estado inmersa en estudios de género y trabajos vinculados con el tema. La idea de la exposición surgió después, la verdad que ha quedado chulísima y voy a tratar de rotarla por toda Galicia.
P: La exposición Por qué ninguén falou de elas revela el trato inhumano al que estuvieron sometidas numerosas mujeres por parte del Patronato de Protección a la Mujer, una institución omitida por quienes la fundaron. ¿A qué se debe tanto hermetismo? ¿Por qué es el momento oportuno de desempolvar la verdad?
R: Sobre este hermetismo durante el franquismo, que fue el período en el que se creó la institución, tanto el Tutelar de Menores como el Patronato de Protección a la Mujer, lo sorprendente es que no se hubiera hablado durante la democracia. Que pasara durante el franquismo no se me hace nada raro, ellos estaban muy orgullosos. Siempre digo que la “suerte” que tenemos para ser incontestables es que ellos mismos firmaban los documentos con mucho orgullo, sobre todo al comienzo de la dictadura, aunque al final ya lo ocultaban un poco más. Llama la atención que hasta el año 85 siguiese funcionando, pero lo más sorprendente es que, a partir de ahí, nadie hablara de esa institución hasta el año 2012, cuando Consuelo García del Cid dijo que había estado en esos centros y que había prometido a sus compañeras que se convertiría en escritora para que se conociese la verdad. Hasta hace dos o tres años nadie sabía lo que era el Patronato de Protección a la Mujer, porque no es algo de lo que estar orgulloso, a nadie le interesaba que esto se investigara. De ahí la problemática sobre la dificultad para encontrar archivos…
P: ¿Tienes constancia de que alguna de estas mujeres que empezaron a dar sus testimonios recibieron presiones para no hablar?
R: Sí. Ahora mismo puede estar hablando alrededor de 50 mujeres en España sobre el tema, muchas se han reunido en una especie de entidad para luchar por sus derechos, y luego hay 4 o 5 mujeres que van dando charlas de sitio en sitio de forma totalmente gratuita. Yo sé que Consuelo García del Cid, a partir del 2012, empezó a recibir amenazas de muerte y todo tipo de insultos públicos y privados. Consuelo tenía miedo de salir a la calle y continúa recibiendo el mismo odio, si te metes en cualquier post de su cuenta puedes comprobar las barbaridades que le comentan. El franquismo sigue ahí.
P: A lo largo del proceso de investigación, te encontraste con diversas dificultades para obtener documentación oficial sobre el tema. ¿Puedes señalar alguno de estos obstáculos?
R: A partir de que una amiga me mandara un artículo sobre el tema, el primer paso fue el Ministerio de Justicia, de quien dependía el Patronato de Protección a la Mujer. Tardaron dos semanas en contestarme, y me dijeron que de las 1.200 cajas que habían de la documentación de la Junta Central de Madrid, solo se conservaban 32. Entonces bueno, me informaron sobre todas esas vicisitudes, dándome direcciones, contándome algún tipo de inundación o incendio, y ahí me di cuenta de que el proceso se iba a complicar. Decidí abrirme una cuenta en Facebook para entrar en grupos mayoritarios de personas de A Coruña, con el objetivo de encontrar personas que conociesen a gente que hubiese estado en la institución. Ahí encontré bastantes testimonios y, paralelamente, contacté con los fondos de Lugo y Pontevedra, porque el de A Coruña está totalmente desaparecido. En Lugo me dijeron que si no venía de parte de una universidad no me abrían el fondo del Patronato, porque consideraban que era un tema muy sensible para estudiar. A pesar de que reclamé a la Xunta, como se alargó demasiado el proceso, me fui a Pontevedra, y como allí sí que fueron realmente abiertos, mi investigación se basa en Pontevedra y en todos estos testimonios paralelos que fui encontrando de Galicia y A Coruña.
P: ¿Preservar la memoria es la clave para construir un futuro sin los agravios pretéritos? ¿Cómo se podría trasladar ese sufrimiento a las nuevas generaciones?
R: Hacer ejercicios de memoria histórica es imprescindible porque la gente joven no sabe lo que ha pasado. Hace poco estuve en la Facultad de Sociología de la UDC, en una charla que formaba parte de una actividad lectiva, y en la última fila se sentaron los chicos, porque eran de los primeros cursos, y yo les decía “venís obligados, ¿verdad?”, a lo que asentían. No obstante, pasó la hora de la clase y se quedaron todos hasta el final, porque la gente se sorprende sobre algo que les parece completamente surrealista. Me parece imprescindible que hablemos de estos, se avecinan tiempos convulsos. Afortunadamente, con todas las investigaciones que estamos realizando por España, ya no nos lo pueden negar, porque son datos y documentos públicos, auténticos, firmados y sellados. Pero bueno, a mí me molesta mucho cuando se dice que hay que dejar el pasado atrás, el pasado hay que tenerlo muy presente. Quiero recordar que la Ley Marital se disolvió en el año 1975 tras la muerte de Franco, antes del 75 ninguna mujer podía hacer absolutamente nada sin el permiso de su marido. Entonces, todos esos derechos se consiguieron a base de algo, por lo que resulta muy necesario recordar.