Funk Experience, el éxtasis del groove y la importancia de los detalles

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Hablamos con R de Rumba, DJ y productor español, sobre «Placeres», el último disco dentro del universo Funk Experience, proyecto que comparte con el multi instrumentista alicantino Carlos Porcel

Foto: Promociones Sin Fronteras (cedida)

«Placeres» es un canto ecléctico al arte del placer, un disco que materializa la filosofía vital del «menos es más» a una atmósfera sonora construida de la mano del funk indómito de R de Rumba y los arreglos sublimadores del multi instrumentista Carlos Porcel. Esta sinergia musical, imprevisible y absolutamente creativa, desemboca en el universo de Funk Experience, un proyecto emancipado de las restricciones de la industria y dirigido a los auténticos melómanos.

P: ¿Qué es el proyecto Funk Experience? ¿Cómo definiríais el proyecto?

R: El proyecto está compuesto por unos amantes de la música negra que se han juntado. Uno es Carlos Porcel, un multi instrumentista de lo que le eches, y otro viene del mundo del rap, que soy yo (Rubén). Funk Experience es una amalgama de música negra y el caprichito por llevar a cabo un acercamiento a la realización de canciones soul y hip-hop. Fuera del circuito comercial, fuera de las tendencias, música independiente, ¿sabes?

P: El pasado 11 de septiembre publicasteis vuestro segundo álbum, “Placeres”, un trabajo ecléctico que celebra la personalidad jovial de la música que hacéis…

R: Me gusta eso de jovial. Ya no soy de juventud, pero me gusta transmitirlo (risas).

R: Una de las premisas fundamentales del disco es el “menos es más”. Habéis apostado por el cuidado técnico desde el minimalismo formal.

R: A ver, es una filosofía que queríamos cultivar. El primer disco fue una amalgama de samples, música estocada y letras locas, y este se funda en canciones desarrolladas que piensan más en el oyente. No pensamos tanto en nosotros, que también, sino en que las canciones sean un poco más gustosas. La filosofía es esa, muchas veces es más fácil meter cosas y esconder defectos que dejarlo puro, limpio y que todo fluya, es la filosofía que tratamos de aplicar desde el primer día en este proyecto. “Menos es más”.

P: ¿Y ese minimalismo podría obedecer al homenaje que hacéis en el disco a la sencillez, a disfrutar de los pequeños placeres?

R: No es un disco minimalista, pero si lo comparas con el anterior es mucho más minimalista.

P: Bueno, evidentemente…

R: Sí que es verdad que tratamos de llevar la música a los pequeños placeres. El comerte una gilda, una mandarina, dar un paseo, ver el mar… Los pequeños o los grandes placeres, creo que va un poco a la par.

P: En este disco retomáis el sampleo como recurso creativo. ¿Cuál es el propósito de un sample a la hora de componer? ¿Entiendes la persecución que vive esta técnica por parte de la industria, de las grandes corporaciones?

R: A ver, hay mucho que hablar sobre esto. Para mí, el sampleo es algo básico en cuanto que yo no soy músico y hago música. Sé tocar cuatro tonterías con el teclado, pero yo hago música a partir de coger pequeños fragmentos de otras canciones. Entonces, para mí es básico, es la flipada del digger, de buscar vinilos. Yo sampleo todo de vinilos que compro, sean de primera mano, segunda mano o reediciones, y muchas de las canciones del disco empiezan con una armonía marcada por el sample. Luego la canción puede llegar a un punto del proceso en el que decidimos decantarnos por el menos el más y muteamos el sample. Hemos empezado por él, lo hemos trabajado juntos, pero al final se quita de la composición final. Puede pasar, pero no es habitual. Entonces, el sampleo es básico en mi vida, mis producciones se basan en samplear, y será así hasta que no exista.

¿Cuál es el problema que tenemos ahora? A ver, no es un problema como tal, es un hándicap que antes no teníamos. Yo llevo desde los años 90 haciendo samples, y antes no había ningún problema porque no había Internet, no había Shazam, no había Youtube… El problema gordo es que las grandes multinacionales están comprando catálogos enteros de música, y tienen herramientas, como el Shazam o las propias plataformas de streaming, que detectan los samples. A ver, ante los problemas hay que crecerse y demostrar más creatividad. Entonces, no puedes samplear cualquier cosa. A mí me da asco como funciona el mundo, pero así estamos, las grandes corporaciones tienen todo. Salieron las plataformas digitales y la mitad ya son de las propias multinacionales, es repugnante. El mundo está comprado, pero es lo que nos ha tocado vivir. Es como la gente se queja de que vayas a tocar a festivales, cuando la mitad del mundo es israelí, ¿en qué mundo vivís? Ya nos engañaron en la Segunda Guerra Mundial, que se repartieron así el mundo. No estoy excusando a los israelís, que me da mucho asco esa gente, pero es lo que quiero decir. ¿Te quejas? Pues samplea, búscate la vida, corta más, mueve notas, cambia tempos, busca cubetas… No está todo en Internet, ni de coña, hay miles de discos de música negra, reggae, funk, soul… Eso sí, están en las cubetas. Cualquier persona puede samplear desde Internet en el salón de su casa, y en una cubeta también, pero tienes que salir de casa y gastarte ocho putos euros en un vinilo. No me vale de excusa, están los samples ahí, vamos a seguir haciéndolo. ¿Con más creatividad? ¿Cortando los samples mucho más? Sí, pero espabilad y dejad de quejaros. Eso es lo hay, bajo mi punto de vista.

P: Este disco está lleno de matices, es un paisaje musical en el que conviven diferentes géneros como el funk y el jazz. Es hasta gracioso catalogarlo de minimalista, sobre todo si lo comparamos con lo que hay en la música actual, géneros absolutamente sencillos. Como compositor, ¿existe un riesgo real de caer en la sencillez exacerbada, de que el oyente sea menos exigente y el músico se vea sumido en esta dinámica?

R: Me gusta la reflexión que estás haciendo. La música que manejan las grandes corporaciones, que son empresas que buscan únicamente beneficios, pues va hacia eso. Si tú quieres eso, ahí lo tienes abierto. Puedes fichar con ellos, vivir del mundo de los adelantos y estar totalmente vendido y expuesto. Esa es la gran masa que ha estado escuchado y haciéndolo, y luego estamos las personas que tenemos más inquietudes. En estos dos discos hemos incorporado solos de guitarra o de trompeta, y sé que a mucha gente le encanta esa mierda. ¿Qué no es la mayoría? Lo sé, desde el día uno en el que me metí al rap supe que no me iba a hacer millonario. Puedo ganar más o menos pasta, pero no me voy a hacer rico, y menos con el funk en España, pero me ha dado para vivir de la música. Llevo 35 años en esto y sigo viviendo de la música haciendo cosas así. Entonces, la tendencia no es algo que me interese mucho.

Sí que tienes razón que nos va a hacer un hilo de voz. Hay canciones con las que flipo, que son cuatro teclados mal metidos, un autotune exacerbado y una letra que, prácticamente, no se entiende, aunque sea en tu idioma. Ahora bien, tú oyes eso y luego escuchas a Bruno Mars o Anderson Park, y hacen unas producciones de pelotas, superguapas y eso también es mainstream, entiendes por dónde voy, ¿no? Luego oyes grupos como Morgan, un grupo al que les funciona muy bien ese rock soul, está cojonudo y no es ese minimalismo que nos resulta absurdo a las personas de cierta edad, pero que le encanta a la gente joven, que son los que consumen música, no nos olvidemos de esa movida. Lo que pasa es que todo es tan engañoso, es muy diferente todo. Supongo que nuestros padres dirían lo mismo de lo nuestro, pero pienso que ahora el cambio ha sido más radical, en las maneras de hacer la música y cómo venderla.

P: “Placeres” es un álbum para melómanos, para personas que conservan la capacidad de atención suficiente para escuchar un disco entero. Ahora la gente no suele pertenecer a ninguna tribu social asociado a un tipo de música concreto, esa unión parece que está desapareciendo. ¿Echas de menos esta capacidad de unión que tiene la música?

R: ¿La unión para ver a Shakira? Bum, miles de personas. ¿La unión para ver al Benito? ¿Cómo se llama?

P: Bad Bunny…

R: Eso, Bad Bunny, me hace más gracia llamarlo Benito (risas). Se ha hecho más masa pura, se ha hecho más mezcolanza. Antes estaban los rockabillys, los heavys, los rapers, los punkis… Es curioso, tío. También te voy a decir una cosa, que parece que le estamos echando la bronca a los jóvenes. Hay jóvenes muy inquietos, y la gran amalgama ya estaba antes con el pop. Cuando éramos críos nos quejábamos, pero ahora escucho sin prejuicios el pop antiguo de los 90 y digo: “pues qué guapo tío”. En todo caso, ahora hay una amalgama de artistas, no sé tío… Con los festivales, no sabemos qué va a pasar, la gente va por ir. Creo que han hecho mucho mal las redes sociales, ese mundo que no existía antes, en el que se ve todo tan claro, tan nítido, no sé. Vivimos en tiempos raros, pero me acuerdo de cuando era crío y empezamos a rapear, a samplear, veníamos de una época en la que no había nada. No había grupos de rap, no había técnicos de rap, no había prensa… Tuvimos que buscarnos de cero, era súper raro que no nos entendieran, pero lo que pasa es que ahora es más raro aún (risas). No sé cuál era tu pregunta, me he ido por las ramas.

P: ¿Echas un poco de menos ese mundo?

R: Sí, la nostalgia te puede llegar a hacerte venir abajo. Mola demostrarla y hacer sentir a la gente nostálgica, pero hay que tirar para delante y adaptarse a los tiempos. ¿Cómo me adapto a estos tiempos? Pues haciendo discos más cortos, aunque seguimos haciendo discos que tienes que escucharte entero, porque si no te pierdes interludios ocultos, cosas que pasan cuando terminan las canciones y que no tienen su propia pista… Hago los discos para que la gente los escucho enteros, pero claro, discos más cortos, que si no la gente se aburre. Nos vamos adaptando a cosas, pero tengo un límite.

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