Gala Nell: «Ser cursi expande los sentimientos y los hace más visibles»

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Hablamos con Gala Nell, cantante y compositora que profundiza en las dimensiones del sentimiento desde la artesanía musical y la idiosincrasia genuina del pop cursi

Foto: Zartist Music (cedida)

P: ¿Quién es Gala Nell? ¿Cómo te definirías como artista?

R: Okey, empezamos intensos (risas). Pues Gala Nell es una pequeña chavalita de metro y medio que lleva toda la vida haciendo música, que desde que tiene uso de razón ha cantado y ha estado siempre rodeada de mucha música. Llegado a un punto, vio la oportunidad de poder sacar canciones y tuvo la suerte de su vida, a la gente le gustó mucho, así que se puso a hacer canciones en su habitación. Aquí seguimos.

P: El pasado 17 de julio publicaste pop blandito, un EP que sintoniza el universo sonoro de tu proyecto, construido a partir de un pop minimalista, sentimental e impregnado de una cursilería que le otorga naturalidad a tu sonido. ¿Qué dificultad entraña traducir en términos de minimalismo la complejidad de los sentimientos? ¿Esa cursilería te permite relativizar las situaciones sobre las que escribes?

R: Bueno, creo que ser cursi expande los sentimientos y los hace más visibles. Entonces, es algo que me representa como persona y que, evidentemente, queda reflejado en mis letras porque soy tal cual lo que escribo.

P: Este trabajo discográfico lo has grabado y masterizado íntegramente en tu habitación, en un proceso artesanal de emociones que ha resultado en un EP honesto. ¿Cómo se afronta ese ejercicio de artesanía del sentimiento, el tener que dar forma sonora a una situación o reflexión que no siempre es clara?

R: Pues, para mí, es algo súper natural. Aunque yo no publicara nada, haría exactamente lo que hago hoy. Soy una persona que tiene mucha curiosidad por escribir, por componer, por expresarse, y por eso tengo ese proceso tan artesanal, porque me sale solo coger la guitarra y empezar a componer algo. De la misma manera, por esa razón me apetece escucharlo en el móvil o enseñárselo a mis amigos. Por lo tanto, acabo produciendo por inercia la canción, y publicarla es lo de menos, porque si no fuera artista como tal, lo haría exactamente igual.

P: Tu vida cambió en solo seis meses cuando lanzaste ojitos caramelo, el single que te llevó al top 3 viral en más de 15 países y que acumuló millones de reproducciones. En una época en la que un millón de streams no representa la misma significación que un millón de copias vendidas antes. ¿Cómo se asume ese fenómeno viral? ¿Cuál es la repercusión real que tiene en la carrera de una artista emergente, como puede ser tu caso?

R: Buena pregunta. Al final, la democratización de la música ha provocado que todo esto haya cambiado, ya no significa lo mismo un millón de discos vendidos que un millón de streams. Mi vida cambió en ese momento porque, de repente, más gente de la industria comenzó a estar pendiente de mi carrera, y porque empecé a ver algo de dinero. También había cierta demanda del público, de mis conciertos, de gente que seguía mi música y que quería que siguiera haciendo esto. Lo que cambió fue que la industria musical española me empezó a visualizar, y no solo española, también tuve conversaciones con gente de Estados Unidos. Todo esto conlleva contratos y dinero, lo que te hace replantearte si quieres tirar hacia algo más profesional o no. En mi caso, decidí apostar por ello.

P: Sucede con más frecuencia que el éxito de una canción, si hablamos desde lo viral, no tiene por qué materializarse en popularidad real. Hay canciones virales que no se asocian con un artista en concreto. ¿Qué opinión te merece esta paradoja? ¿Crees que es contraproducente?

R: La democratización de la música nos ha llevado a cosas buenísimas como es mi caso, una chica de veinte años que hacía música en su habitación y que, de repente, la podía escuchar muchísima gente. Eso me parece algo que puede enriquecer muchísimo el panorama musical, porque todo el mundo puede acceder a ella. No obstante, como todo el mundo puede hacer música, cada vez es más difícil hacer que alguien te escuche, tiene cosas buenas y cosas malas. Por ejemplo, yo soy un claro ejemplo de que la gente ha podido escuchar mi música y no saber quién soy. Al principio me decía eso de que mi música había conectado por la música, no por mí, no porque hubiese salido en la prensa rosa o algo así, que era algo más habitual. Por otra parte, eso impide que pueda hacer una gira, porque la gente ha escuchado mi música, pero no ha seguido mi carrera. Entonces, es una reflexión un poco compleja, muchas artistas pasamos por ello y creo que es un poco rollo, porque si te dicen que construyas una canción viral para que puedas construir algo más, pero de repente pasa eso y la gente se sabe solo veinte segundos de canción, tu proyecto quizá ha crecido un poco, pero tampoco lo que hubieras deseado. Como consumidora, sí que intento hacer una escucha activa y consciente de la música que me gusta, intento escuchar discos enteros, intento investigar sobre el artista cuando una canción me gusta mucho… Quizá sea porque estoy en ambos bandos, pero es algo que no hace mucha gente, es un poco lo que estamos viendo ahora.

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