Hablamos con Miss Caffeina, banda referente de la escena indie-pop nacional, sobre la naturalización del componente electrónico en su identidad sonora

Miss Caffeina es una banda madrileña formada a mediados de los años 2000, integrada por Alberto Jiménez, Sergio Sastre y Álvaro Navarro. El grupo se consolidó dentro de la escena del pop alternativo estatal gracias a una propuesta absolutamente singular, fundada en melodías cuidadas, letras incisivas y una constante exploración de nuevos territorios sonoros. Tras sus primeros EPs, el éxito llegó con discos como «Imposibilidad del fenómeno«, «Detroit» u «Oh Long Johnson».
El 17 de octubre 2025 publicaron «BUENASUERTE«, un trabajo discográfico con el que Miss Caffeina abraza la contundencia emocional de la música electrónica como parte integral de su renovada identidad musical.
P: ¿Qué es Miss Caffeina? ¿Cómo os definiríais como grupo?
R: La pregunta, sencilla no es, la verdad. Miss Caffeina es un grupo de música formado por tres personas con mucha vocación por la música, que se juntaron en un momento de sus vidas y llevan haciendo música casi veinte años. Con el paso del tiempo, la motivación por hacer música y enseñar lo que hacemos no ha cambiado.
P: El pasado 17 de octubre de 2025 publicasteis “BUENASUERTE”, un disco ecléctico que concentra una nueva concepción de vuestra identidad sonora con una historia del duelo amoroso absolutamente explícita y visceral. ¿Qué cualidad encierra la música electrónica que la convierte en el puente ideal para transmitir el sentimiento de una manera más contundente?
R: La música electrónica siempre se ha relacionado con algo más frío o de diversión, y la música electrónica guarda muchas similitudes con el rock o con una guitarra distorsionada. De repente, un bajo súper filtrado o un beat muy potente tienen el mismo power para crear sensaciones, y es una faceta muy adecuada para abordar esta temática del disco, el duelo. Hay una escena de la serie La Mesías que nos inspiró muchísimo para la producción de este disco, en la que la protagonista está en un momento horrible de su vida y se encuentra en mitad de una fiesta con todo el mundo bailando alrededor. La música de baile también transmite muchas emociones, y creíamos que encajaba con la temática que queríamos abordar. Habíamos coqueteado con la electrónica muchas veces, pero pensábamos que le venía muy bien a este sentimiento abordarlo desde el pop electrónico.
P: El formato álbum constituye una inmersión en los rincones más recónditos del mensaje que se pretende trasladar, dentro de las fronteras de las canciones que lo componen. ¿Es difícil establecer estos límites? ¿Se lidia con la idea de que siempre falta algo que completaría el disco?
R: Yo no sé si es por la generación a la que pertenecemos, en la que el álbum tenía mucho más peso que sacar singles sueltos, pero nos resulta más fácil pensar en un disco. Hay canciones que nunca sacarías como single, pero que son necesarias para completar un álbum. Son canciones que, quizá, no son pegadizas o lo que engancharía a todo el mundo, sino que tienen una función en el álbum. Para nosotros, un álbum nos permite ordenar las ideas, es un concepto mucho más enriquecedor para la música. Es una tensión pensar en sacar determinados singles, cuándo hacerlo y qué hacer con aquellas que no se van a lanzar como singles. Siempre hemos preferido el formato álbum o EP, que también hemos cultivado mucho para unir unas cuantas canciones relacionadas entre sí y que pertenecen a un momento concreto.
P: ¿La música tiene un efecto terapéutico en el compositor o solo sirve de remedio creativo a una inquietud crónica?
R: Puede parecer un tópico, pero es totalmente terapéutica. La gente que ha ido a terapia entenderá que, muchas veces, te recomiendan escribir sobre lo que sientes porque te ayuda a verlo desde una perspectiva externa que permite asimilar mejor las emociones. Con las canciones, la intención nunca depende de la opinión de la gente, sino de lo que se necesita escribir. De esa manera, se percibe todo de una forma más real, y al final, estás hablando de cosas sin interferencias.
P: ¿Cómo concebís el directo en relación con el espectador, cada vez más sumido en la realidad virtual de las redes sociales y sin la capacidad de concentración de antaño? ¿Adaptáis algo de vuestra personalidad del directo a esta nueva realidad?
R: La verdad es que, pensándolo así, no lo tenemos demasiado en cuenta. Entendemos que la gente que viene a un concierto viene a disfrutar o simplemente por curiosidad, y lo que sí intentamos es hacer un show lo más contundente posible, en cuanto a ordenar las canciones, los bloques y trabajar la parte visual, para que la gente, además de escuchar la música, pueda encontrar interesante el directo. Es algo con lo que somos muy pesados, nos gusta desarrollarlo a conciencia. Nos gusta definir qué canciones nos apetece tocar, qué canciones queremos enseñar de lo último que hemos hecho, qué canciones no pueden faltar, por mucho que alguna de ellas las hayamos querido quitar porque estamos un poco cansados (risas). Nuestro directo tiene un equilibrio basado en tratar de disfrutar nosotros y que sea ameno para el público que viene a vernos.