Hablamos con Franco Saudade, cantante y compositor venezolano que combina la identidad venezolana tradicional con la nostalgia del desarraigo para construir su paradigma musical

P: ¿Quién es Franco Saudade? ¿Cómo te definirías como músico?
R: Franco Saudade es un chico muy nostálgico que se mudó de pequeño de Venezuela a Europa, ha pasado por muchos sitios de aquí, ha recolectado muchas amistades y sonidos, y que se dio cuenta al volver a España que, al final, volver a casa es lo que tiene más valor, aunque sea musicalmente. Entonces, de ahí nace mi sonido, el desarraigo mezclado con la identidad venezolana más tradicional. Mis canciones tratan de darle sentido desde ese filtro mental, pues a veces me siento un poco solo. Luego, a nivel sonoro, no tengo miedo a mezclar tanto lo orgánico como lo digital.
P: El pasado 29 de mayo publicaste tu último single, Bala Perdida, una canción intimista con tintes de bossanova adaptada al lenguaje contemporáneo del amor. En el proceso de composición de una canción así, ¿es mayor el dolor de la nostalgia o el efecto balsámico de la música para el alma?
R: Qué buena esta pregunta. Para mí, prevalece más el efecto balsámico de las canciones, es por eso por lo que se hacen, pero es verdad que, en el momento de componer la canción, hay veces que viene algo que llevo arrastrando mucho tiempo y, en otras, es como una sesión de psicoanálisis en la que te das cuenta de dónde procede un sentimiento que tenías guardado y que escupes. Esta canción fue así, no nació de estar deprimido un par de semanas, sino de un momento de realización, de entender el motivo por el que estaba deprimido, y se sintió más ligero. Por esa razón, la canción no suena melancólica, sino que suena algo más off beat, aunque sea un tema que aborde el amor fallido. Ahora mismo estoy bien, estoy en un buen lugar, aunque sigo superando a esa persona.
P: ¿Abrirse al mundo con la música es un acto de valentía o algo necesario?
R: No soy ese buen samaritano. Si la gente se ve ayudada o beneficiada por mis canciones es genial, pero el objetivo siempre radica en comunicar y ya. Para mí es un acto de valentía, la industria te lo vende como una necesidad. Para mí, el equilibrio llegó hace poco, desde hace año y medio que compagino mi vida creativa con una carrera corporativa, y soy muy feliz. Un tema que le quiero decir a la gente es que ser músico, en sí, es un acto de valentía. La parte de comunicarlo cambia con el tiempo, no es permanente. Hoy es Tiktok, antes era la prensa, la música es lo que se mantiene.
P: Es normal compaginar carrera laboral con la faceta creativa hasta conseguir profesionalizarla. Sin embargo, está extendida en la sociedad una noción cortoplacista del éxito. Para ti, ¿qué es el éxito?
R: Para mí, el éxito es poder realizar tu obra, tan sencillo como eso. Poder realizar tu obra implica poder involucrar a personas para poder hacerla, implica que se materialice en algo tangible que la gente pueda escuchar. Es un éxito sacar canciones, no miro números ni las redes sociales, las miro más para ver memes de gatas que para explorar las tendencias musicales (risas). Me encuentro en un proceso de buscar cuál es la forma más orgánica y válida de transmitir mi música, y estoy llegando a la conclusión de que voy a colgar un cartel en mi edificio para empezar a darle a mis vecinos mi email y mandarles un newsletter a ellos. Algo que quiero añadir es que nos escuchan menos en nuestras casas, pero nos preocupa más que nos escuche gente fuera de nuestro alcance. A nadie le importa que su música les guste a sus vecinos o a gente cercana, estamos buscando romper ese círculo cercano que es tan importante.
P: ¿Cómo afrontas el hecho de ser un artista emergente en una industria que cada vez produce más y más propuestas nuevas? ¿Es contraproducente hablar de música en términos de competitividad?
R: Depende por completo del artista al que le preguntes, y ninguno desanima al otro. El que haga música pensando en Tiktok porque es muy comercial, genial, y el que haga música experimental con sonidos de otro mundo, también me parece válido. Donde caigo yo es en el terreno de hacer las paces con mi necesidad de crear y con un mundo donde hay que moverse. Me parece saludable no cerrarse al mundo y ver lo que hace tu compañero artista. Hay momentos en los que estoy abstraído con los cascos con aislación de sonido en los que me vuelvo un zombie durante tres días escuchando música de otras personas, y otras etapas en las que necesito no escuchar nada más y estar en silencio. Ambas son válidas, y dependiendo del tipo de artista que seas, lo más importante es moverte con algo que te funcione a ti.
