Movie Records: ¡Tiburón En La Lagunaaa!

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Tiburón es el motivo por el que muchos cineastas decidieron estudiar cine, es tan importante como Metrópolis, Ciudadano Kane o Centauros del Desierto. Es una obra maestra con una premisa simple, una narrativa fluida, personajes con arco progresivo e imágenes que no han perdido fuerza

Foto: Tiburón

Por Javier Insua

Ya es pleno verano… Los días son largos, las bebidas están frías y todos nos vamos a la playa a disfrutar y chapotear en el extenso e inabarcable mar azul… Pues cuidado, porque ahí metido no puedes correr y desde luego no puedes nadar más rápido que un depredador más grande que un Audi A8 y que en la boca lleva una sierra de ebanistería.

En 1975 esa simple idea sacada de un Best Seller escrito por Peter Benchly, producida por Zanuck y Brown de la Universal y dirigida y coguionizada por un joven de 27 años llamado Steven cambió el cine y su industria para siempre. Creían que estaban haciendo una película de aventuras en el mar; estaban haciendo el primer blockbuster de la historia.

Tiburón es el motivo por el que muchos cineastas decidieron estudiar cine, es tan importante como Metrópolis, Ciudadano Kane o Centauros del Desierto. Es una obra maestra con una premisa simple, una narrativa fluida, personajes con arco progresivo e imágenes que no han perdido fuerza. Pero vamos brevemente por partes.

Zanuck y Brown, reputados productores de la Universal, adquirieron los derechos para llevar a la gran pantalla el libro más vendido del año anterior, Jaws, su título original, tan molón como el Tiburón que pusieron en España, una historia basada muy libremente en los ataques de un joven tiburón blanco que asolaron una playa de New Jersey décadas atrás, cobrándose la vida de cuatro bañistas. Pero, ¿quién iba a dirigir el proyecto?

La pareja de productores había dado un año antes luz verde a un joven de Ohio para que dirigiera «Loca Evasión», un drama criminal con envoltorio de road movie protagonizado por la carismática Goldie Hawn que cosechó buenas críticas y cierto desempeño en taquilla. El joven había realizado un film para televisión llamado «El Diablo Sobre Ruedas», que narraba la incesante persecución de un enorme camión a un Plymouth rojo y su desafortunado conductor por las carreteras desérticas del sur de California, demostrando así que con poco sabía generar tensión. El joven Steven Spielberg se postuló para dirigir la nueva producción en alta mar de la Universal. No sabía que cambiaría la vida de todos, incluida la suya propia, pero tampoco sabía todo por lo que iba a pasar.

No podemos pararnos con cada uno de los contratiempos y/o ideas que conformaron el rodaje de esta aventura marítima, pero Tiburón fue de todo menos sencilla de rodar.

El primer paso fue el casting. Roy Scheider se ofreció para interpretar al precavido jefe de policía Martin Brody, la autoridad local y padre de familia que, bajo la presión de la alcaldía, tiene que lidiar con solucionar el problema de que haya algo en el agua que muerde y mata sin descuidar el porvenir del pueblo en sus fechas clave de verano. El personaje evoluciona: le tiene miedo al agua, pero el deber le da valor para dar caza al animal y convertirse en el héroe de la historia.

Richard Dreyfus tenía una estrecha amistad con Spielberg gracias a su amigo en común George Lucas, que lo dirigió en American Graffiti. Dado que Steven no quería caras canónicamente conocidas para dar naturalidad al relato, le ofreció a Dreyfus el papel del biólogo marino Matt Hooper, el personaje apasionado y por momentos cínico que hará amistad con el jefe Brody en esta peligrosa empresa.

Pero como siempre ocurre, por encima de todo destaca un rol en concreto: Robert Shaw en la piel del lobo de mar Quint, que regaló uno de los monólogos más memorables del cine relatando el hundimiento del USS Indianapolis en 1945 y dejando clara su fijación por matar escualos.

Ahora bien, una vez resuelto el elenco, el verdadero problema era cómo tener un tiburón de 7 metros en una película. Los productores llamaron a su asistente de producción y dijeron: Margaret, consíguenos al mejor adiestrador de tiburones del país. Si Margaret hubiera sido coruñesa les hubiese dicho: Neno, los tiburones no son focas… A ver si espabiláis.

Pero Spielberg recordó a Bob Mattey, veterano ingeniero de efectos especiales conocido por haber dado vida al calamar gigante de 20.000 leguas de viaje submarino. Saliendo temporalmente de su retiro, Mattey y el equipo de efectos especiales de Joe Alves dieron vida a tres tiburones mecánicos con estructura de acero y recubiertos de fibra de vidrio, equipados con un complejo circuito hidráulico, a los que apodaron Bruce. El monstruo marino se averiaba constantemente, y el empeño de Spielberg de rodar en mar abierto hizo que los hidráulicos se estropeasen incontables veces. Por eso el suspense en el cine cambió para siempre: si no se podía enseñar al depredador, había que sugerirlo.

Lo más terrorífico de Tiburón no es cuando el animal sale en primer plano, sino cuando lo distinguimos entre una oscura masa de agua, cuando Chrissie es zarandeada bajo la luz de la luna o cuando su aleta dorsal se hunde suavemente mientras suena la minimalista partitura de John Williams. Williams firmó uno de los 10 temas más importantes de la historia y ganó el Óscar. Toda esa manera de sugerir la amenaza del personaje más importante del film es lo que dotó a la película de su magia. Desde «Piraña» a «Anaconda», los animales asesinos no se muestran hasta mínimo los cuarenta y cinco minutos de película, y esa regla nació en 1975.

Cuando Quint dispara barriles amarillos para sacar a la superficie al gran blanco, estos se convierten en un motivo recurrente para mostrar sin mostrar que el animal está ahí. Los barriles son la amenaza. Tiran del barco, se acercan en la noche y desaparecen en el océano demostrando su fuerza. El gran trabajo de montaje de Verna Fields dio a la película esos segundos clave en los que el tiburón se ve lo justo y necesario. Su presencia suma solo 4 minutos en pantalla dentro de 124, un 3% del metraje, y aun así es inolvidable.

Tiburón aumentó su presupuesto inicial de 4 millones a 9 debido a los retrasos. Nadie tenía fe en el proyecto y Spielberg estaba en el punto de mira. La fecha prevista para su estreno había vencido y retrasarla era un gasto enorme. Pero entonces sucedió lo más interesante: lo que cambió el cine y la cultura popular.

La opción menos dañina fue estrenarla en verano simultáneamente. El verano no estaba bien visto por los estudios, pero la productora añadió 1,8 millones a una campaña de marketing sin precedentes. El icónico póster de Roger Castel estaba por todos lados. El 20 de junio de 1975 Jaws se estrenó en 400 salas y las colas daban la vuelta a la manzana.

Tiburón, que había costado 9 millones, recaudó 487 millones, convirtiéndose en la película más taquillera de la historia hasta ese momento. La crítica la elogió, el público la convirtió en una obra generacional y así nació el Blockbuster, películas de gran presupuesto estrenadas en verano destinadas a entretener y fascinar. Spielberg cambió la industria y su amigo George repetiría la fórmula con la historia de un tal Luke Skywalker.

Como siempre digo en este espacio, el cine de antes supera con creces al actual. Sin desmerecer trabajos modernos, el talento de antaño conformó la manera de hacer cine. Spielberg aprendió joven a rodar suspense, las adversidades lo obligaron a innovar y nos regaló un cineasta que después nos deslumbraría con visitantes de otras galaxias, batallas históricas, arqueólogos aventureros o dinosaurios persiguiendo todoterrenos.

Jaws es una verdadera joya del séptimo arte. Despertó fascinación por el cine en toda una generación y cambió para siempre la percepción del mar. En 1974 nadie reparaba en que un depredador podía devorarte entero. Tiburón caló hondo, hizo mirar con terror el reflejo del mar azul. Porque aunque las probabilidades de ser atacado por un escualo son bajas, ¿quién te asegura que un tranquilo baño al atardecer no pueda terminar con esos pequeños ojos negros emergiendo hacia ti? Nos vemos el mes que viene y, si queréis llegar a septiembre, yo de vosotros procuraría no meterme donde no haga pie. Que paséis un buen verano.

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