Hablamos con María José Llergo, cantante flamenca cordobesa que exalta la condición divina de la música a partir de la sinergia entre la ortodoxia vocal y la honestidad emocional

En la música habita un atisbo de divinidad, una virtud inefable que trasciende la comprensión humana, pero que despierta la llama de nuestra sensibilidad. El artista funciona como vehículo transmisor de la verdad que encierran las melodías, la honestidad que narra la poesía de las letras, la catarsis emocional que mana de la sinergia entre la interpretación del cantante y manifestación musical de su fuero interno. Desde Cool Coruña, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a María José Llergo, cantante y compositora cordobesa que ensalza la naturaleza divina de la música con la conjugación de la ortodoxia vocal y la franqueza expresiva.
P: ¿Quién es María José Llergo? ¿Cómo definirías tu faceta como cantante?
R: Pues María José Llergo es María José Llergo, y sus canciones son el resultado de su forma de mirar al mundo. Como intento mirarlo con amor, mis canciones personifican ese tipo de conexión con el oyente, a través de la honestidad, el jugueteo, el riesgo, lo impredecible, pero siempre intentando ser lo más pura posible.
P: El pasado 22 de mayo publicaste “El Juego”, una propuesta ecléctica que aúna la sensibilidad de tu raíz idiosincrática con un paso más allá en tu universo sonoro. ¿Cómo se lograr experimentar sin deteriorar la esencia de la voz personal?
R: Pues intentando reconocerte, aunque estés lejos de lo que has tenido en tu ADN. Lo más difícil es jugar sin perderte a ti mismo, pero cuando la gente que te quiere te dice que te reconocen o tú misma te sientes honesta escuchándote en otros géneros musicales, esa es la prueba de fuego.
P: El disco está compuesto de 14 canciones, un recorrido manifiesto por el sentimiento que, sin embargo, puede correr el riesgo de caer en las redes de la inmediatez y la impaciencia endémica de la sociedad actual. ¿Sigue siendo el álbum el formato más adecuado para contar historias al oyente contemporáneo?
R: Para nada, hacer un álbum ahora mismo es una apuesta pura y dura por el arte, es hacer un álbum sabiendo que, igual, el mercado no está preparado para mover discos, sabiendo que la población está inmersa en Tiktok, en la inmediatez de los vídeos de quince segundos o formatos similares. Es remar a contracorriente, pero la música es la música. Prefiero dar un contenido completo y coherente, porque para mí esto no es solo buscar el momento viral, mis canciones se van a quedar cuando yo me vaya, por lo que quiero que me reflejen lo mejor posible. ¿Es una decisión comercial? No lo es (risas). ¿Estamos sumidos en una cultura del mainstream en la que la industria va a hit por mes? Pues sí.
P: ¿Cómo es la sinergia entre la técnica y honestidad para alcanzar la fibra sensible del público?
R: Para mí, la técnica y lo estricto tienen que estar al servicio de algo más. La diferencia que tiene la voz con respecto a otros instrumentos es que contiene palabras, y con las palabras es mucho más fácil transmitir un mensaje. Si estás todo el rato pensando en utilizar voz de pecho, voz de cabeza o más aire, es imposible dejar que el mensaje pase de forma pura, porque se contamina por la exigencia mental del ser humano, y para mí la música es algo espiritual, una deidad, es algo que nos hace mejores como seres humanos. Entonces, intento estar preparada vocal y mentalmente para dejar pasar la emoción, las letras y el mensaje a través de la música.
P: Para terminar, hablabas de la consideración divina de la música. ¿La música se comunica por medio del artista, o es una relación más recíproca?
R: Pues hay tantas formas de hacer música como seres humanos hay en el mundo. De hecho, no creo que la música se limite a los seres humanos, los pájaros son los reyes de la música, para mí. Nosotros llenamos de nuestra persona todo aquello que hacemos, sea música o no, pero la música es capaz de hacer al ser humano más sensible, mientras que el ser humano no es capaz de hacer más sensible a la música. Entonces, en ese aspecto, la música tiene un poder medicinal, pero también depende de cómo se use.