Hablamos con Xoel López, célebre cantante y compositor coruñés que comprende la esencia de la música como un sentimiento de magnitud universal

La música implica universalidad, colectivo, reunión fraternal de sentimientos entre diferentes individuos con realidades sumamente dispares. La idiosincrasia de la música nace en la fragua del compositor, el artesano del detalle que aviva la emoción de la canción, para convertirse en un refugio accesible ante las vicisitudes de la existencia. Desde Cool Coruña, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Xoel López, ilustre cantante y compositor coruñés que concibe la creación musical como un proceso de introspección individual y empatía colectiva, y que celebrará su particular Oniria Popular el próximo 23 de junio en el Muelle de Batería, dentro de la programación del festival Noites do Porto.
P: ¿Quién es Xoel López? ¿Cómo te definirías como músico?
R: Me definiría como un apasionado de la música, un comunicador por necesidad, porque creo que me comunico desde una posición que va más allá de la decisión de hacerlo. Por lo tanto, me he dedicado toda mi vida a aquello que es mi profesión y oficio, y lo cuido como si fuera un artesano, con la pasión y el cariño que creo que se merece. Estaría rodeado de música, aunque no fuese mi trabajo, pero, por suerte, lo es.
P: Tu último trabajo discográfico, “Oniria Popular”, es un disco que invita manifiestamente a la introspección, un espejo sonoro que nos confronta con lo más profundo de uno mismo y que nos revela, a través de un estilo reconocible, pero con matices de frescura musical, una de las características más singulares del ser humano: la inestabilidad. ¿Cuánto de necesario resulta, desde la canción, reflexionar sobre uno y distanciarse momentáneamente al piloto automático que llevamos puesto?
R: Creo que bastante. Las canciones que planteo vienen de una reflexión, de no aceptar todo como viene, hay un poco de ir más allá y comprometerse con tus propias emociones. A lo mejor, cosas que en otros contextos se dejan pasar, yo las guardo, las canto y las evoco. Últimamente me viene mucho a la cabeza el ejemplo de Las Moscas de Antonio Machado, me parece el culmen de un poeta que llega a sublimar algo tan sencillo y cotidiano como las moscas en una metáfora preciosa del recuerdo de la infancia. Es interesante lo que dices porque, efectivamente, se supone que el artista o escritor de canciones tiene que ver más allá, o pararse un poco más donde otros dejan correr el imaginario. No puedo evitar tener esa visión de las cosas, y pararme en aquello donde otros dejarían pasar de largo.
P: ¿Por qué crees que la música tiene ese poder sublimador?
R: Pues precisamente por eso, porque es algo que todo el mundo siente pero que no se para a ponerle palabras. He sentido cosas parecidas leyendo un artículo de prensa en el que veo algo que pienso, o con una crítica de cine que explica a la perfección lo que he sentido al ver una determinada película. Entonces, pasa algo parecido con las canciones, apelas a los sentimientos más profundo de la gente que, a lo mejor, no tiene las herramientas o el tiempo para encontrar ese momento de emocionarse, de llegar a ese lugar del fuero interno. Siempre digo que todo el mundo podríamos ser más poéticos de lo que pensamos, lo que pasa es que la vida te lleva a tener en otro modo, tener que tirar hacia delante y no tener tiempo para eso. No obstante, puede ocurrir que un día una canción te atraviesa y te da justo en algo que estaba escondido en ti y acaba saliendo. Por eso se habla del poder terapéutico de la música, porque conecta con algo que está ahí. A veces no lo podemos ver, pero está.
P: Hablabas de apelar a la emoción de las personas. Cuando un artista escribe una canción, entabla una sinergia con el oyente, una relación particular que difiere en función del individuo. ¿Cómo gestionas el hecho de establecer tantas relaciones con gente que no conoces, pero que sienten con la misma intensidad emocional con la que compusiste las canciones?
R: En un principio lo haces de una manera más visceral, no eres muy consciente. Ahora, cuando compongo, tampoco lo pienso, porque me pondría en un estado más cerebral y me gusta dejarme llevar, pero sí que es verdad que te acabas dando cuenta de que hay una respuesta o feedback, y es algo muy bonito. Siempre digo que lo más bonito de este trabajo es cuando alguien te dice que tu canción forma parte de un momento especial en su vida, y sé lo que es porque también me pasa. Además de compositor soy un melómano, también siento con las canciones de otros y sé lo importante que es, y me parece precioso cuando ocurre. Respondiendo mejor a tu pregunta, hay algo de universal en todo esto. De hecho, el propio título del disco, “Oniria Popular”, apela precisamente a eso. De mi oniria a todas las onirias, de mis sentimientos a lo popular, porque lo popular no deja de ser la construcción de todas las individualidades y, en el fondo, no somos tan diferentes. Al final, el presidente de cualquier país enorme y la persona que limpia en una barra de bar sienten prácticamente lo mismo, aunque parezca que no y las formes cambien, pero los sentimientos son idénticos. Cuando apelas a lo básico del ser humano, a los anhelos, a las ausencias, al amor, una canción que escribes en la intimidad de tu casa acaba siendo una canción que corean miles de personas en un concierto.
P: Continuando con el hilo de la reflexión que implica la canción, cuando se plantean las reflexiones, no tienen porqué llegar a ningún puerto concreto.
R: Y pasa mucho. Imagínate, yo tengo registradas más de doscientas canciones, y hay 150 de las que no se acuerda nadie. Hay canciones que cuajan más y cuajan menos.
P: ¿Las canciones son el remedio del inconformismo existencial, la llave para la aceptación y reflexión saludable de ciertas cosas que nos hacen ser quiénes somos?
R: En mi caso, como buen gallego, dejo todo en un punto de cierta relatividad (risas). No soy nada categórico, y si lo he sido alguna vez, no era mi intención. Relativizo, soy más de grises que de blanco y negros, y pienso que mis canciones reflejan esa relatividad de las cosas. Como dices tú, no siempre hay una respuesta concreta para las cosas, a veces la respuesta es “la vida es así”. Aunque en ciertas ocasiones hay una cierta justicia poética, otras veces la vida es injusta. Al final, las canciones no dejan de ser un reflejo de toda esa complejidad que nos muestra la vida, y a mis 48 años tengo claro que la vida no es lo que uno quiere siempre, y que muchas veces te sorprende para mal, pero otras muchas veces te sorprende para bien. Es una cuestión de ir jugando y remando, hay veces que pierdes, otras que ganas, y otras que pierdes y ganas, porque aprendes.
P: ¿Qué connotación guarda el hecho de ser el responsable del nuevo himno del Deportivo de la Coruña, por su 120º aniversario? ¿Sabes qué enfoque le otorgarás?
R: Vale, como es una cosa que se va a contar más adelante, tampoco puedo adelantar mucho ahora. Lo que sí te puedo decir es que estoy que no meo (risas), que me hace muchísima ilusión, que soy deportivista a muerte y que llevo viendo los partidos del Dépor desde que tengo uso de razón. El club me contactó, y me siento súper halagado, me siento también con esa responsabilidad, pero, sobre todo, con el orgullo de que me lo hayan encargado a mí. Estoy trabajando por encima de mis posibilidades, es la canción a la que le estoy dando más importancia en mi vida de lejos, sobre todo porque asumo una responsabilidad colectiva, es otro enfoque. Parto de un sentimiento genuino personal, pero que está ligado a una afición enorme que va más allá de mi ciudad y que mira al mundo, por lo que tiene que conectar con deportivistas con realidades diferentes, pero con un equipo común. Entonces, a ver si consigo lo que pretendo y si conecta, lo pienso hacer desde el amor, el cariño, el orgullo, la responsabilidad y el deportivismo.