Hablamos con Diego Baeza, cantante y compositor segoviano que configura la noción contemporánea de la música tradicional desde el sentimiento genuino de la raíz

La música tradicional significa comunión, fraternidad, unión entre iguales y escépticos de la sociedad. De la raíz de un territorio mana la identidad de sus habitantes, la idiosincrasia de sus costumbres y un sentimiento de arraigo que se evapora paulatinamente, frente al cosmopolitismo virtual gestado en el algoritmo conectivo de las redes sociales. Entre la vorágine de estímulos y confusión que presiden la sociedad contemporánea, la música tradicional se posiciona como el salvoconducto de lo propio, de la esencia identitaria de las personas. Desde Cool Coruña, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Diego Baeza, cantante y compositor oriundo de Segovia que cimenta la noción renovada de la música tradicional desde el sentimiento genuino de la raíz.
P: ¿Quién es Diego Baeza? ¿Cómo te definirías como músico?
R. Soy un chico de aquí, de la provincia de Segovia, rozando Valladolid, en plena Tierra de Pinares. Hay algo muy particular en todo eso, porque siempre me han gustado las emociones fuertes y, para mí, una de las emociones más intensas que existen es la música tradicional real, la que está en su sitio, en la calle, con la dulzaina y con la gente cantando de corazón.
Creo que eso es precisamente lo que me define como músico. Por supuesto, tengo estudiados mis instrumentos, que son fundamentalmente la voz, desde una perspectiva tradicional, no lírica, y las cuerdas, especialmente la guitarra segoviana. Pero, aun así, para mí lo más importante es transmitir, que es lo que te da la calle. Y no hablo desde el sentido urbano, sino desde el sentido de la música rural y la música tradicional. Al final, es cantar sin micrófono, decir algo que emocione a la gente, tener una causa. Saber estar en una bodega para cuatro, cinco, diez o treinta personas y conseguir que llegue. Que no sea un mero entretenimiento ni una distracción, sino algo que realmente recree a la gente, porque al final eso es volver a nacer.
P: El pasado 24 de abril publicaste «20/2000”, un EP que concibe el folklore como un lenguaje vivo y compatible con la mirada contemporánea que le confiere el componente electrónico. ¿Cómo se incorpora el folklore al mundo actual sin perder su esencia?
R. A mí me gusta mucho el concepto que se está utilizando ahora mismo desde la etnografía aquí en Castilla y León, con gente como Carlos del Peso, Carlos Porro o David Álvarez Cárcamo. Ellos hablan de separar el concepto de folklore del concepto de tradición, y especialmente de tradición antigua. Porque, hoy en día, folklore pueden ser incluso los sofás de skay de la abuela, mientras que tradición también puede abarcar cosas relativamente modernas. La tradición antigua o la tradición oral son ya elementos que van quedando más atrás y que pertenecen a procesos claramente preindustriales.
Al final, todas las tradiciones mutan y cambian según el valor que la sociedad quiera darles, según la hegemonía social. Yo soy sociólogo, basta decirlo, y para mí lo importante es decidir como sociedad a qué le damos valor. Ahora mismo se tira mucho por lo social, que siempre ha sido importante desde una perspectiva popular, pero creo que también es fundamental no perder de vista la calidad e intentar mantener los aspectos que hacen algo especial y bonito. Y no porque sea difícil o deje de serlo, sino porque le da ese sabor y ese carácter propio. Esa es también parte de la causa que te comentaba antes: aquí ha habido gente muy humilde, muy humilde, pero con una enorme capacidad para hacer cosas preciosas a nivel artístico y expresivo. Eso es lo que creo que debemos seguir manteniendo, de una forma u otra.
P: Para entender tu música, es importante conocer parte de la historia de la música de raíz, y la supervivencia de esta reside en la juventud. ¿Crees que la música que haces tiende un puente entre la tradición y las nuevas generaciones?
R: Sí, para mí es un hecho bastante contrastado, tanto por lo que voy viendo con el disco como por lo que hemos vivido en la presentación de la experiencia “20/2000”, que es nuestro directo. Hemos visto a gente de 70 años bailar junto a gente de 20; gente muy joven bailando jotas y gente muy mayor bailando techno duro. Incluso dentro de la propia lógica del espectáculo, ves cómo a la gente le gusta también lo opuesto. Ya no solo la mezcla que hacemos, porque hay momentos en los que tenemos dulzaina y tamboril sin cortar, y otros momentos en los que tenemos techno duro sin cortar.
Simplemente por el hecho de crear un espacio de diálogo entre estas formas de hacer y estos conocimientos ya se genera ese espacio intergeneracional, que en realidad es lo que siempre ha sido una fiesta tradicional. En las fiestas de los pueblos, en una comunión, un bautizo o una matanza, siempre estaban el abuelo, el tío, el amigo del padre, el amigo de los hijos y los niños jugando y haciendo trastadas. Por eso creo que vamos por buen camino con este trabajo, porque ese es precisamente el objetivo principal.
P: ¿Qué poder tiene la música en la memoria colectiva? ¿Cómo introduces este concepto en tu sonido?
R: La música, en sí misma, es un instrumento de poder. Se puede usar para llevar a los judíos a la cámara de gas en Auschwitz, igual que se puede usar para hacer que una familia se sienta unida el día de Nochebuena. Y, por supuesto, también existen muchos puntos grises. Precisamente, creo que ese sonido antiguo puede provocar efectos distintos según lo que despierte en cada persona. Pero, para mí, lo interesante es rescatarlo desde el punto de vista de lo que aportaba aquella sociedad tradicional y traerlo al presente: la colectividad, la solidaridad, la sensación de unión y la cercanía.
Creo que la gente tiene mucha sed de eso en el mundo tan individual en el que vivimos, donde todos estamos hiperconectados pero, al final, nos falta cercanía con quienes tenemos al lado. Es un poco ese concepto de devolver al pueblo lo que es del pueblo, algo que intentamos transmitir no solo desde el sonido, sino también desde las vivencias y esa forma de sentir.
P: Para terminar, háblanos sobre tus proyectos futuros (giras, objetivos a medio/largo plazo, etc.)
R: Este proyecto acaba de nacer. Ahora mismo estamos abiertos a contratación para toda la gente que esté buscando aire fresco para su pueblo o para su evento. Sí que tenemos algunas fechas cerradas, aunque todavía no podemos contarlas. En cuanto a nuestros objetivos, ahora mismo pasan por echar a rodar por nuestra zona, con nuestra gente, pero también por salir un poco de la zona de comfort. Nos encantaría ir a sitios como Galicia, por ejemplo. Uno de nuestros músicos, Miguel Fraile, desarrolla allí gran parte de su actividad: es profesor de conservatorio en A Estrada y ha trabajado con gente como Xisco Feijóo, Xuso Fernández o Carlos Quintá. Nos encanta la idea de llegar a todos esos lugares donde haya gente joven con ganas de bailar, de pasarlo bien y también de escuchar cosas distintas. Ahí estaremos.