El esnobismo y por qué «3 Metros Sobre el Cielo» es una película imprescindible

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Vamos a dejarlo claro desde el principio: esta no es uno de esos filmes abucheados en Cannes por críticos viejos que abandonarán la proyección para verlas convertidas en clásicos de culto en menos de 20 años

Foto: 3 Metros Sobre El Cielo (vía Internet)

Como una vida humana, el nacimiento de una película es algo improbable, milagroso y aun así irrefrenable. Esto aplica a todas las vidas y a todas las películas, desde la persona más odiosa hasta el filme más despreciado. No es una excepción 3 Metros Sobre el Cielo, nos guste lo que nos guste. Vamos a dejarlo claro desde el principio: esta no es uno de esos filmes abucheados en Cannes por críticos viejos que abandonarán la proyección para verlas convertidas en clásicos de culto en menos de 20 años.

Es una película que, atendiendo a unos estándares básicos, hace aguas por todas partes. Dudo que fuese la intención de nadie involucrado en su creación que se tratase del nuevo Ciudadano Kane, pero es apabullante. Sin embargo, de tan mala da la vuelta completa y, para mi, se convierte en algo disfrutable. Pertenece a ese género de películas basadas en libros nativos de Wattpad , muchas veces escritos por y para un específico público adolescente. Si bien esta no fue escrita ni publicada en plataformas de ese estilo, funciona como predecesora de un modelo de película en el que las grandes productoras han descubierto una máquina de hacer dinero. Crepúsculo, After, 50 sombras de Grey e incontables sagas se suman a este tipo de fenómeno comercial seguido en masa por muchos y despreciado por tantos otros. Son películas con pocas o nulas ambiciones artísticas y autorales, herramientas de imprimir billetes que viven un auge destacable en la segunda década del siglo XXI. Su aspecto más negativo no está tanto en su contenido como en lo que suponen: una industria que destina cantidades de dinero desorbitadas a productos, en detrimento de las obras. Así, miles de proyectos con gran potencial nunca saldrán adelante porque la atención está puesta en otro lado, por no hablar del poco respeto que muestran muchas veces por las audiencias y como acostumbran al mainstream a cine inocuo e insulso. En la era de los refritos, lo último que necesitamos son 10 películas de Padre no hay más que uno. De Torrentes mejor ni hablo. Me parecía importante aclarar mi postura general respecto a este tipo de cine, especialmente con el amplio marco que es la industria cinematográfica a día de hoy, y todos los problemas que enfrenta. Esto es porque me dispongo a explicar por qué 3 Metros Sobre el Cielo es una película increíble.

Como mucha gente, uno de mis intereses en la adolescencia fue el cine, interés que cultivé y mantengo a día de hoy. Soy un cinéfilo de la generación digital, con acceso fácil a más contenido que nunca nadie en la historia de la humanidad. Ya no solo a ver películas, también a conocerlas: IMDB, Filmaffinity, Letterboxd y todas las redes sociales si te lo propones, son plataformas en las que descubrir constantemente cosas que ni te imaginabas que existieran, donde empiezas a crear una watchlist que nunca acabarás ni de expandir ni de ver.

También son lugares habitados por millones de personas con el mismo interés que tú, y pronto aprendes qué considera la comunidad cinéfila buen cine. Es la otra cara de la moneda que supone la información ilimitada. Por una parte, todas las películas habidas y por haber están a tu alcance si sabes como llegar a ellas. Por otra, en el camino para encontrarlas toparás con un sentir común conformado por miles de opiniones que te dicen qué debes ver y qué no, por qué unas películas valen más que otras, y hasta como debes opinar o cuales deben ser tus gustos.

Es sutil y tiene muchas capas, pero va calando poco a poco y hay unos mínimos. No te puedes considerar cinéfilo o cinéfila si no has visto X o no te gusta Y. Igual no eres lo suficientemente inteligente para entederlas, aún no eres mayor o lo eres demasiado, no tienes ni idea. Que simplemente te guste o no te guste algo parece no ser una opción posible, debemos explicarnos constantemente.

Guiado o guiada por este sentir colectivo, seguirás una ruta relativamente concreta según ciertos criterios. Si eres un “niño” de 15 años, American Psycho, Nightcrawler y Fight Club serán tus películas de cabecera. Para las “niñas” quedan Las Vírgenes Suicidas, Mujercitas y Lady Bird. A partir de estos “básicos” podrás seguir diversos caminos, descubrirás películas que te cambiarán la vida y con suerte nunca dejarás este hábito. Siempre acompañado por el zeitgeist de internet, que en unos u otros círculos de interés te enseñará unas u otras películas. Aclarar que ninguna de las películas mencionadas antes son malas o que esté mal que te gusten, cada uno tiene su camino construyendo sus gustos y yo soy el primer chaval al que le estalló la cabeza con Tyler Durden y que se veía todas las películas de las que hablaban en TikTok. Mi punto aquí es que el camino del cinéfilo hoy en día está muy condicionado por las redes y relativamente limitado a un tipo de cine que se supone que es el “bueno” o el que tienes que disfrutar, especialmente en proporción a la masiva cantidad de contenido que tenemos disponible. Esto es lo que crea tal cantidad de esnobismo y complejos de superioridad entre la comunidad cinéfila: se construyen unos estándares no del todo fundamentados de lo que es bueno, de lo que te debe gustar y de cómo vivir el cine. Cuando coincides con estes es cuando manejas el asunto y tienes el derecho de empezar a juzgar todo lo que escape del escueto canon en el que te asfixias, y poco a poco te interesa más hablar de cuánto sabes de cine que del cine en si.

Esta es una forma de ejercer la cinefilia muy extendida en redes, y el foco está en proyectarnos hacia los demás: que vean cuánto sabemos, que conste en Letterboxd lo que hemos visto y cuándo y cuántas veces, lo que opinamos y qué nota le ponemos (no pensemos en según qué criterios). Así llegaremos al punto en el que disfrutar del arte se vuelve una performance. No queremos ver, queremos haber visto.

Si os acordáis, empecé hablando de 3 Metros Sobre el Cielo. ¿Qué tiene que ver? Pues es la epítome de todas esas películas que como cinéfilo debes despreciar y repudiar. Mal escrita, mal dirigida y mal actuada. Exitazo de taquilla, disfrutada por millones de no sabedores del séptimo arte, “el cine español es una mierda”.

Si bien yo acabé viéndola de rebote y sin intención ninguna de acabarla, algo hizo click y no pude dejar de mirar. En los primeros diez minutos hay una competición a muerte de dominadas entre moteros descamisados. Mario Casas tarda unos 15 minutos en volver a aparecer con una camiseta puesta, no le entiendes una palabra y cuando lo haces es para oírle llamar “fea”, “princesita” o “enana” a Babi, el interés romántico. Suena muy desagradable, pero mi amiga y yo estábamos muertos de la risa y tardamos cinco minutos en entender cuál iba a ser la tónica general y dejarnos llevar.

¿El resultado? Dos horas (quizá demasiado metraje) divertidísimas, en las que cada escena era más esperpéntica que la anterior y en las que acabamos involucradísimos con los personajes, una vez derribada la barrera del prejuicio y abandonada la mirada de superioridad desde la que la empezamos a ver. Fue refrescante disfrutar algo que siempre había entendido como “inferior” (nótense las comillas) o de poco valor, un empujón para alejarme del esnobismo aprendido e interiorizado al desarrollar mi cinefilia en internet. Me dio pie para pensar mucho más de lo que hubiera esperado, y para replantearme ideas arraigadas en mi de las que ni sabía que necesitaba desprenderme.

Ayer vi la secuela, Tengo ganas de ti, y me reitero en mi nueva apreciación por este tipo de películas, que funcionan como antídoto contra esa nube de elitismo que muchas veces empaña el amor por el medio en toda su riqueza y variedad. Con todos sus defectos estas películas son increíbles, aunque sea por imposibles de creer. Nada es nunca tan serio, y si quieres intentar reaprender a divertirte sin complejos, te recomiendo que elijas alguna de esas cintas que siempre menospreciaste, busques alguna amistad que te acompañe y te olvides un rato de lo listo que eres y lo mucho que sabes. Quizá luego ya no quieras recordarlo.

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