Hablamos con MIL111, dúo artístico formado por Iria del Bosque y Borja Bernárdez, que recurre a los nuevos medios tecnológicos para construir la experiencia de la contemplación introspectiva

Sin título 0.1 es una experiencia audiovisual de MIL111 que propone un espacio de encuentro entre el sujeto y su reflejo. La pantalla se representa como un significante: una superficie abierta que no contiene un significado fijo, sino que espera ser interpretada. Las imágenes, los sonidos y los silencios funcionan como fragmentos que cada visitante debe articular desde su propia experiencia, memoria y deseo.
P: ¿Qué es el colectivo MIL 111? ¿Cómo definiríais el proyecto?
(Iria del Bosque): Fácil la pregunta (risas). Sí que es verdad que ahora te podríamos soltar el statement, utilizamos los nuevos medios para explorar temas como la conciencia del ser, nuestra experiencia en el mundo y, sobre todo, el cómo llenamos los seres humanos los vacíos existenciales, que es algo muy amplio, pero también muy interno y personal. No obstante, podríamos resumirlo en que cada obra es una continúa búsqueda de nosotros mismos. Lo ideal es que luego lo podamos extrapolar para que la gente pueda encontrar su camino bajo la misma pregunta o premisa.
(Borja Bernárdez): Eso es a nivel conceptual. A nivel técnico, somos un estudio de arte de los nuevos medios, utilizamos nuevas tecnologías para crear piezas artísticas y experienciales a través del uso de la imagen, el sonido y la luz.
P: Sin título 0.1 es una experiencia visual que propone un espacio de encuentro entre el sujeto y su reflejo. La pantalla no posee un significado fijo, se funda en la inferencia individual. ¿Cómo explicáis esa capacidad inferencial de la percepción? ¿De qué forma la conducís hacia el terreno artístico?
(Iria del Bosque): Esta obra la presentamos en (IN)VISUAL el día 23 de mayo, y la premisa que nos pusimos es que la pantalla fuese un significante a partir de todo el proceso, pero teníamos que tirar de algún sitio. Nosotros nos encontramos como espejo a nosotros mismos, por lo que nos fuimos a nuestra vida diaria y nos preguntamos “¿por qué no utilizamos nuestros procesos meditativos en una experiencia meditativa y tiramos de ahí para empezar a trabajar esos significantes?”, para que luego las personas que vayan a verlo puedan ponerse en el momento en que nosotros meditamos. Sí que es cierto que lo que nos encontramos, haciendo una media de nuestros procesos meditativos, es que, en esa búsqueda de la calma profunda y la quietud interior, pues no suele ser así. Entonces, si dividimos la pieza en esos cuarenta minutos, lo que nos interesaba era esa búsqueda de atención plena y cómo nos vamos encontrando con la lucha, con el caos, con las voces interiores, con los pensamientos recurrentes… De esa tensión nacen los significantes de nuestro proceso meditativo, a nivel sonoro y físico. Lo concebimos como una especie de lucha hacia esa búsqueda de paz interior que aparece cuando termina la meditación.
(Borja Bernárdez): A nivel visual o sonoro, hemos intentado ser lo más minimalistas posibles, hemos reducido la forma al máximo para que quedara abierto ese espacio de interpretación. Estamos acostumbrados a plantarnos delante de una pantalla que nos entretiene dándonos contenido constante, y nosotros queríamos generar una serie de formas gráficas y visuales que nos permitieran un grado de contemplación que nos llevaran a nuestros propios procesos internos, lo hemos planteado como una experiencia muy viva. Cuando se habla de meditación, la gente se suele posicionar en un sitio de calma y paz, y como comentaba Iria, nuestra propia experiencia es que meditar no siempre es paz ni calma. Hay mucho caos, mucha energía interna, y aunque estemos contra una pared meditando, internamente están pasando muchas cosas. Entonces, estamos intentando volcar todo esto en la propia experiencia y transmitirlo a través de las grabaciones de campo que hemos utilizado, de los sonidos y las imágenes.
P: La experiencia constituye un recorrido contemplativo entre formas abstractas, colores en transición y paisajes sonoros. ¿Cómo se explica que la conjugación de estos tres elementos logre conectar de una forma tan concreta la percepción, la conciencia y la emoción?
(Iria del Bosque): Aquí está el quid de la cuestión, ahí es cada uno con su mente, con su experiencia y cómo se vaya a confrontar con el espejo que le vamos a poner delante.
(Borja Bernárdez): Es complejo. Nosotros no podemos asegurar que la gente vaya a vivir la experiencia como estamos tratando de diseñarla, porque es una experiencia absolutamente subjetiva y que construimos a partir de nuestra propia subjetividad. El hecho del título, que sea Sin Título es que el relleno conceptual es el que cada uno le vaya a aplicar después. Sí que es cierto que eso parte de experiencias previas nuestras, hay una narrativa predefinida que pretende establecer unos conflictos o niveles de excitación emocionales en determinados puntos. Hay pasajes más contemplativos, hay pasajes duros, hay pasajes opresivos dentro de la narrativa. Entonces, es probable que la gente no perciba la experiencia de la misma manera. De hecho, nos gustaría que hubiese un feedback posterior a la experiencia, que la gente nos explicara qué ha sentido o qué ha significado para ellos.
P: En esta pieza artística se puede inferir una cierta carga filosófica, en la búsqueda del hueco existencial, en la comprensión del caos que habita en nuestro fuero interno. ¿Esta carga filosófica es algo deliberado o es una consecuencia del proceso?
(Borja Bernárdez): Es inherente, y también ha sido en base a nuestra práctica artística. Las obras anteriores han tenido una carga conceptual importante, y en esta obra no queríamos hacer un ensayo. En muchas ocasiones tendemos a hacer ensayos artísticos y, en este caso, queríamos hacer algo más abstracto, algo más abierto para dejar el espacio interpretativo para cada uno. Por simplificarlo y decirlo de alguna manera, si viviendo una experiencia tienes tiempo para aburrirte y pensar internamente dónde estás, cómo estás o qué te está produciendo, ese ejercicio se convierte en una búsqueda interior, ya no es tanto lo que ofrece o proporciona la pantalla.
(Iria del Bosque): Por las razones que fuese o de dónde naciesen las obras, nuestras piezas tenían una narrativa ensayística de algo que había que investigar, había una parte teórica potente que no salía de nosotros. Sí que es verdad que las podíamos conjugar, pero existía una parte mental de discurso bastante potente, y aquí no. Aquí nos interesaba más el cómo se presentaba esto a nivel emocional y en la reacción del prójimo, sin más reflexión que el sentir. De hecho, es la primera pieza en la que, realmente, el discurso que hay detrás no tiene peso, no es la columna vertebral, es más la experiencia de quien vaya a verla.
(Borja Bernárdez): Hablábamos de artistas o referentes que, de alguna manera, nos influyen, y en esta pieza, aunque no sea en lo formal ni en la resolución, sí que hay mucho de las piezas pictóricas de Mark Rothko, de plantarte delante de una pintura y contemplar. Ese ejercicio meditativo con la obra es un discurso de ida y vuelta, no es solo el contenido que me está dando. Además, en un momento como el actual, en el que estamos bombardeados con información, nos apetecía establecer ese espejo entre la pantalla y nosotros.
P: ¿En qué afecta al fomento de esta tipología de arte la cultura de la inmediatez y la impaciencia que se está expandiendo en la sociedad?
(Iria del Bosque): Pues, en la experiencia no sé, pero te voy a hablar de lo que afecta en el proceso creativo (risas). Hemos tenido una lucha interna a la hora de haberlo dividido, porque había momentos en los que no pasa nada. Estamos acostumbrados al bombardeo inmediato de información y, en este caso, estamos haciendo todo lo contrario. Claro que pasan cosas, pero no desde donde ya lo estamos solicitando por el hecho de que exista una pantalla. Entonces, ha sido duro crearlo por el miedo a que lo que se nos va a pedir es otra cosa, porque ya estamos acostumbrados a otra cosa. Esta experiencia se supone que es la búsqueda del otro lado, y eso, en el proceso creativo, ya nos influencia.
(Borja Bernárdez): También es cuestión de trabajar el horror vacui, esta sensación de decir y reconocer que la pantalla está vacía. Estamos acostumbrados a plantarnos delante de una pantalla y que la pantalla no esté vacía, todo lo contrario, nos tienen enganchados al bombardeo de treinta segundos. Entonces, en el momento en el que desprovistes a la pantalla de ese poder inmediato cambia todo, nos apetecía ese juego de situarnos delante de una pantalla y que no nos devolviese lo que normalmente esperaríamos.