MOVIE RECORDS: «Yo dormiré tranquilo porque sé que mí peor enemigo… Vela por mí»

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¿Qué se puede decir del cine? ¿Es quizás la expresión artística más completa, la que engloba todas las artes? Escritura, música, fotografía… Condensadas en dos horas que nos alegran, emocionan y nos hacen hablar de ello con pasión y felicidad

Foto: El Bueno, El Feo y El Malo

Por Javier Insua

¿Qué se puede decir del cine? ¿Es quizás la expresión artística más completa, la que engloba todas las artes? Escritura, música, fotografía… Todo condensado en dos horas que nos alegran, nos emocionan y nos hacen hablar de ello con pasión y felicidad…

El cine, tal y como lo conocemos la gente de mi generación hacia atrás, ha cambiado radicalmente. Por ponernos en contexto, el cine comercial, el que tiene que llegar al gran público, se hace en despachos, se estrena en plataformas y carece totalmente de carisma. Esa es mi opinión, pero hasta hace no mucho, el cine que llegaba a todos los públicos bebía de otro cine anterior… De los pioneros que empezaron a hacer películas cool sin ni siquiera darse cuenta… ¿O quizás si?

En 1966, Sergio Leone (Roma, 1929) puso fin a su popularmente conocida «Trilogía del dolar» con El Bueno, El Feo Y El Malo. Tras el éxito de sus dos cintas anteriores, La muerte Tenía Un Precio (1965) y Por Un Puñado De Dólares (1964), el productor Alberto Grimaldi, junto con la distribuidora United Artist, dotaron a la producción de 1.200.000 dólares de la época, lo que le permitiría a Leone realizar su cierre con una calidad excepcional.

El Bueno El Feo Y El Malo es, sin lugar a dudas, el culmen del llamado Spaghetti Western, esas historias que, contra todos los valores estadounidense, retrataban el Salvaje Oeste como algo sucio, peligroso, carente de moral, violento y con la normal de que cada uno mira por si mismo. Aquí nos presentan a tres personajes que harían historia en el celuloide, interpretados con maestría por tres norteamericanos «El bueno» o «Rubio», un Clint Eastwood serio, de pocas palabras, que habla con la mirada más que con la voz y que en ningún momento deja de ser expresivo transmitiendo canallismo, picardía, empatía o infundiendo temor. A este se le suma «El Malo» o «Sentencia», un elegante Lee Van Cleef, despiadado como pocos en el género y que dota de fuerza cada escena en la que aparece hasta llegar al clímax final. Sin embargo, por encima de todo está «El Feo» o «Tuco», un Eli Wallach en estado de gracia. El actor neoyorquino personificó la esencia de la picaresca con un personaje burlón, facineroso, bufonesco, sensible, rastrero, entrañable y de buena puntería que se roba cada una de las escenas del filme.

Leone nos entrega aquí una historia que no es de vaqueros, sino de piratas en busca de un tesoro, esquivando las trabas que les pone la Guerra de Secesión en una frontera con México que no es nada más y nada menos que nuestro maravilloso desierto de Tabernas en Almería. No hay interés amoroso, no hay honor, no hay motivos para hacer el bien… Hay una tumba con 200.000 dólares de los confederados y se los lleva el que primero la encuentre, para ello nuestros tres pícaros, se aliarán, traicionarán, separarán, se juntarán de nuevo y elegirán al lado de quien prefieren estar. Porque no nos confundamos, «El Malo» es más malo que «El Feo», «El Feo» es más malo que «El Bueno·, y «El Bueno» es menos malo que el feo, pero los tres son unos cabrones que nos harán disfrutar durante dos horas y media de un relato cargado de de aventura, acción, violencia, humor, tensión y epicidad.

Por otro lado, El Bueno, El Feo Y El Malo no existiría sin su banda sonora, esa última que entregó Ennio Morricone a Leone para cerrar su trilogía. La partitura sobrecoge por sus melodías épicas, cargadas de voces corales, guitarras eléctricas, y chillidos desgarrados cual bandoleros mexicanos… Cuando Tuco corre por el cementerio arropado por Ecstasy of Gold (L’estasi dell’oro) nos damos cuenta de que, seamos de la generación que seamos, estamos ante una película y una banda sonora que cambió el cine para siempre.

Dotar de épica a una película con su música no era nuevo, pero Leone y Morricone lo hicieron por primera vez tal y como nosotros lo conocemos, porque no es solo épica… Es canallismo, macarrismo y frescura a partes iguales. Cómo no ver una cinta de Tarantino en la que el nombre de un personaje aparece con un rótulo en pantalla acompañado de un fraseo musical y, automáticamente, recordar como se nos presenta a nuestros pícaros a medida que avanza el metraje? Porque sí, Leone entendía lo que es hacer algo cool, presentar al malo con una melodía de guitarra eléctrica y un rótulo que diga «EL MALO» era totalmente adelantado en 1966.

El Bueno El Feo Y El Malo recaudó 39.000.000 de dólares a nivel mundial. El público hizo colas para entrar en las salas y la crítica estadounidense quiso, de primeras, ocultar su entusiasmo porque, como dijo Roger Ebert del Chicago Sun Times años después de su crítica inicial «le di a la película cuatro estrellas en su día porque un western italiano no podía ser arte… Espero estar a tiempo de darle esas merecidas cinco estrellas».

Qué gran película amigos míos, da igual que el cine de repente no produjera más largometrajes… Hay más de 100 años de celuloide del que disfrutar y del que hablaremos en el que, sin lugar a dudas, esta obra ocupa los primeros puestos. ¡¡¡Nos vemos por aquí, hijos de mil padres!!!!

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