Hablamos con Andrés Suárez, cantante y compositor ferrolano que profundiza en las dos caras del sentimiento vital en su último disco, «Lúa»

La dificultad de la manifestación emocional radica en el grado de importancia que otorgamos a la reacción del prójimo. Mostrar la vulnerabilidad de la que, al mismo tiempo, nace nuestra unicidad requiere de un arrojo inusual en la era de la superficialidad. Abrirse al mundo se concibe como una temeridad, cuando debería ser el voto de confianza que nos impulse hasta la prosperidad. Desde Cool Coruña, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Andrés Suárez, cantante y compositor oriundo de Ferrol que descubre la dicotomía del sentimiento vital en su último trabajo discográfico, «Lúa».
P: ¿Quién es Andrés Suárez? ¿Cómo te definirías como músico?
R: Ostia, empiezas fuerte, me falta un café para responderte (risas). Como persona, lo tengo claro, pero como artista supongo que seré la suma de muchas cosas, o la suma de todos los cassettes que ponía mi padre. Supongo que soy un cantautor con alma de rockero, porque empecé y sigo soñando con girar con mi banda, pero he bebido de todo cuanto cayó en mis manos y oídos. Obviamente Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Luis Eduardo Aute, Sabina o Serrat, pasando por José Afonso, Franco Batiato, Juan Luis Guerra, y de ahí a lo que te hablaba, todo el rock transgresivo, como Eskorbuto, Platero y Tú o Extremoduro. Si sumas todo eso, que no está mal la batidora (risas), salgo yo. Soy una persona que trata de huir con toda la fuerza que puede de las etiquetas. Entiendo que tenéis que llegar ahí, a la canción de autor, al pop, al jazz, al blues… Yo hago música tío.
P: El pasado 27 de febrero publicaste tu último trabajo discográfico, “Lúa”, un disco que remite al oyente a esa sensibilidad intimista tan particular que caracterizan tus canciones. Además, en numerosas entrevistas has hablado del carácter simbólico de la luna, de esas dos caras que representan el contraste personal entre el lado positivo y negativo de la vida. ¿Considerarías este disco como una catarsis necesaria en el punto personal y profesional en el que te encuentras? ¿Cómo explicas ese poder mágico de la música para ayudarnos a soltar lastre?
R: Pues mira Mateo, como te dije, yo soy del 83 y de Ferrol, y a mucha honra, pero los que somos de esa generación y ese lugar no podíamos hablar de salud mental, y el que te diga que no, te miente, esto es así. Una persona que hablaba de depresión, con un psiquiatra o psicólogo, era un toliño, y lo apartaban de la pandilla. Hoy en día, la generación digital trae muchas ventajas, y una de ellas es que se puede hablar libremente de la salud mental, y yo vengo de una depresión diagnosticada, eso es Lúa. El año 2024 fue el peor año de mi vida de largo, sumado a un 2025 aún peor. Entonces, puedo hablar de que se sale del pozo oscuro y, paradójicamente, fue la música la que me salvó. En 2024, fue la primera vez en mi vida en la que llamé a una persona a la que tengo mucho cariño, mi mánager, para cancelar una gira, porque yo no me veía capaz de subir a un escenario, fue un shock personal. No soy distinto a nadie, viví un dolor profundo por una mala ruptura sentimental, y eso me llevó a no querer salir de la cama, no poder recordar las letras de mis canciones, perder la noción temporal y de lugar… La música de la que yo quería rehuir fue la que me salvó, manda carallo, por eso ahora estoy cantando a Lúa. La luna tiene dos caras, la oscura y negra que algo oculta, y la que fulge y trae a mi padre marinero a casa. Entonces, me gusta hablar de salud mental, me gusta hablar de la metáfora de esas dos caras, del lugar más oscuro a un lugar que ahora está lleno y que brilla. No lo hago por ser ejemplo de nada, sino porque se sale, y compartir el dolor, en estos tiempos prebélicos, alivia.
P: ¿Puede llegar a dar vértigo el proceso de composición de un disco así, en el que te enfrentas en su totalidad con quién eres y lo expones al resto del mundo?
R: En mi caso, querido Mateo, es la única vía posible, no concibo otra realidad y, es más, me pagan por ello, es mi trabajo. Con todo el respeto a mis compañeras y compañeros de oficio, hablan de planetas que no sé si existen, de Uranio, Saturno, constelaciones… todo maravilloso. Yo hablo del alzheimer de mis abuelos, del parkinson de una amiga mía de Salamanca, de mi ex, de una ruptura o de un amor eterno y fugaz en una habitación de hotel en Santiago de Compostela. Si yo no publico eso, no estaría bien. Esto de que ahora de vértigo compartir el dolor o hablar de sensaciones o emociones me está preocupando mucho, nunca en la vida había visto tanto miedo a posicionarse políticamente, a hablar sin tapujos de sentimientos, sea el amor, el desamor o decirle a un abuelo, un padre o una madre que la quieres. Ostia, no sé qué nos pasa con el móvil, pero andamos un poco lejos. El otro día, un compañero tuyo de oficio me decía, después de escuchar el disco en Estudios Moraima y abrazados a lágrima viva, “joder, está hecho con IA, Inteligencia Animal”, y eso me encantó macho. Creo que hay que ser más humano que nunca, hay que decirle a la persona de al lado que la quieres, hay que levantar la vista de la pantalla y ver quién tenemos delante, que nos estamos aislando y cubriéndonos de un plástico que no nos está sentando bien.
P: Estás inmerso en la gira presentación del disco, y sobrevuela una pregunta recurrente para mí. En ocasiones, una de las cosas más complejas para un músico es conectar con sus canciones a la hora de tocarlas, conseguir hacerlas “suyas” al interpretarlas ante el público. ¿Cuál dirías que es la clave para establecer esta sinergia definitiva con tu verdad musical en el escenario?
R: La clave la acabas de decir tú, es ser verdad y no fingir. En un planeta en el que cada viernes salen no sé cuántos millones de canciones, millones de series, películas, documentales, contenido de redes sociales… la gente sabe dónde hay verdad y dónde no, la gente elige muy bien. Creer que el público es tonto te puede llevar a un lugar muy peligroso, el público es muy sabio. Mi manera de conectar es enseñar en redes o documentales que esto es lo que soy, lo que ves y lo que estás oyendo cuando me subo a un escenario. Te puede gustar o te puede no gustar nada, eso es otro tema, pero yo no soy una persona en el escenario y otra fuera de él. Esta intensidad con la que me escuchas hablar soy yo, y este gallego de aldea, a mucha honra, intenso, romántico e hijo de marinero, soy yo. No se trata de nada más que de mostrarte.
P: Hablamos de la sociedad digital, de que todo el mundo está con el móvil constantemente y que, en muchas ocasiones, parece que se viven conciertos a través de la pantalla. ¿Qué opinión te debe a ti la cultura del concierto actual? ¿Cómo lo vives tú como músico?
R: Se nos llena la boca hablando de libertad, pero luego no sé si la llevamos a cabo. ¿Quién cojones soy yo para decirle qué tiene que hacer a alguien que paga por ver mi concierto? Si una persona quiere grabar dos horas de concierto con su móvil, en mi caso le diría que allá él, no creo que esas dos horas las vaya a practicar, almacenar o ver, y te lo digo porque soy el primero en llenar el disco duro de contenidos que no me alcanzan cinco vidas para ver. Ahora bien, si esa persona quiere venir en tacones, desnuda, con ropa apretada o no, grabar con un móvil, grabar con un Ipad, sacar cinco fotos… ¿quién cojones soy yo para decirle lo que puede o no puede hacer? Siempre y cuando no se salte la barrera del respeto, usted vendrá a mi concierto a grabar o no, potando a la izquierda o a la derecha, con quince o noventa años y yo lo recibiré con los brazos abiertos, mientras haya respeto, adelante. Yo no lo entiendo muy bien, pero es que vivimos en democracia, hay cosas que no me gustan y que debemos ejecutar igual. A lo mejor yo soy antitaurino, pero los toros están ahí, y aunque lucharé por y para abolirlos, siempre lo haré desde un pensamiento democrático. Yo si voy a un concierto lo hago para disfrutar del show, pero si alguien quiere venir a mi concierto para grabar las dos horas, tiene las puertas abiertas.
P: El 29 de mayo te citas con tu hogar, con Ferrol, para tocar en el Auditorio. ¿Qué sentimientos o sensaciones te sugiere el hecho de tocar un disco tan especial y personal como Lúa en tu casa?
R: Pues tío, los más hermosos del mundo. No concibo que la gente viva en una ciudad y hable mal de ella. No sé si Ferrol es una ciudad maravillosa, no sé si es una ciudad que mola o no mola, como rezan las pegatinas promocionales de Ferrol, pero a mí no me lo toquéis, porque Ferrol es mi ciudad, porque en Ferrol viven mis hermanos. El otro día tocaba en directo mi amigo Miguel Sueiras, que es de Caranza, y al verlo tocar, sentí que volvía a estar en Ferrol. Eso es algo atávico, sagrado, no me toques Ferrol. Yo voy a mi hogar y voy a llorar en el escenario, porque creo que va a estar lleno el auditorio, y no entiendo muy bien a la gente que no ama su raíz. En mi caso, lo único que me hizo Ferrol fue cuidarme, ahí estudié en el conservatorio, tuve mi primer amor, mis mejores amigos… Ferrol es un lugar sagrado para mí, y presentar Lúa allí va a ser, probablemente, uno de los conciertos más emocionantes de toda la gira.
Si me permites un minuto, quería decir algo sobre el concierto de Ferrol. Aprovechando que me llamáis desde casa, siempre que me llamáis desde casa me tocáis la morriña y tengo que decirlo. Yo sé que el alcalde de Ferrol está muy ocupado, que los políticos están a muchísimas cosas, y no quisiera robarles su tiempo, pero ya que amplificas esta entrevista, me gustaría solicitar o recordarles que juntamos cientos o miles de firmas para que el mejor músico que ha tenido este país, que era ferrolano y se llamaba Álvaro Lamas (más conocido como Alvarito), músico de Los Secretos, Los Limones o Joaquín Sabina, entre otros, tuviese una conmemorativa en el Auditorio de Ferrol, no hemos pedido más. No hemos pedido más al Ayuntamiento de Ferrol, tan solo que el Auditorio de Ferrol pasase a llamarse Auditorio Álvaro Lamas. Desde aquí, desde esta entrevista que te agradezco, le imploro al Ayuntamiento de Ferrol que tengan a bien tener en cuenta nuestra solicitud, y muchas gracias tío.

