David Perdomo: «Soy abolicionista de la prohibición, prohibido prohibir»

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Hablamos con David Perdomo, humorista coruñés que concibe la comedia como una línea de expresión emancipada de las fronteras de los estándares sociales

Foto: Prensa EMHU

Conocer los matices generacionales del humor es sinónimo de comprender el rumbo general de una comunidad. La relación entre el cómico y el público pende de la línea que separa la intención de la responsabilidad del efecto, y dependiendo de su grosor, la comedia puede convertirse en la mejor compañera de viaje del oyente o el verdugo implacable del humorista. Desde Cool Coruña, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a David Perdomo, humorista coruñés que cuestiona la imposición de límites al humor y la trascendencia de la expectativa en el diálogo cómico.

P: ¿Quién es David Perdomo? ¿Cómo definirías tu faceta de humorista?

R: Fíjate que mi faceta de humorista es la que más se distancia de mi persona. Siempre lo digo, acabé de cómico por accidente, nunca quise serlo. Yo empecé a los 19 años a hacer interpretación en Casa Hamlet, una escuela de aquí de A Coruña, y era un poco bala perdida. Tenía una banda de punk, pero no tenía ningún tipo de interés en la comedia. Me hacían gracia Martes y Trece o Faemino y Cansado, como a todos los de mi generación, pero lo último que pensé es que me iba a acabar dedicando a la comedia, diría que fue casi un tropiezo que me llevó hasta aquí. Sinceramente, y a estas alturas de la vida, te puedo decir que ser cómico es el punto en común que tengo con la gente, pero el más alejado a mi persona, poco tengo que ver con eso que proyecto a la gente.

P: Animus Iocandi, el nombre del show que protagonizaste junto con Ignatius Farray y Laura Márquez, es una locución latina que se traduce como “ánimo de broma” o “con intención jocosa”. Este término se utiliza en derecho penal para diferenciar entre expresiones humorísticas y aquellas que buscan causar daño, un factor fundamental a la hora de determinar la responsabilidad legal de quien las emite. Si hablamos de límites del humor, ¿dónde está el punto en el que se exime la responsabilidad del humor?

R: En figurar a los demás, va por círculos. Tú puedes hacer un chiste de lo más salvaje con tu pareja o con tu mejor amigo y no pasa nada, pero si ese círculo se amplía, empezamos a tener la expectativa de lo que van a pensar los demás. Esto que se habla tanto ahora de los límites del humor funciona por círculos, como prácticamente todo, y esto lo meto en mi monólogo. Por ejemplo, si Donald Trump fuese el presidente de nuestra comunidad, nos daría igual, pero como es el presidente de uno de los países más grandes del mundo, pues nos da miedo. Con el humor es lo mismo, tiene que ver más con la expectativa que tenemos de cara a los demás, porque no creo que nadie haga un chiste especialmente negro. ¿Recuerdas el caso de David Suárez, de cuando lo llevaron a juicio por un tuit que hizo? David es mi amigo, y para mí es de los mejores cómicos de este país, pero entiendo que era necesario poner un pie en la pared o algo por el estilo. Legislar hasta dónde se molesta o no es una cuestión muy amplia, y va por círculos concéntricos. Todo el mundo es igual de bruto cuando quiere, y todo el mundo es más suave cuando quiere, pero nadie tiene la varita mágica que determine qué clase de humor se puede hacer y cuál no. Soy abolicionista de la prohibición, prohibido prohibir. Entonces, cada uno hace el humor que quiere y considera, y luego, lo que nos da miedo, es la respuesta del prójimo. No obstante, poner límites al humor, a la palabra, a la idea, es una cosa un poco ridícula.

P: Y limitante también…

R: Y limitante, absolutamente, y más para el humor, que es lo más amplio y lo que nos permite avanzar y comprender las cosas. Creo que ahora mismo, con las redes sociales, como estamos tan expectantes y trabajamos tanto de cara a los demás, se plantean estos temas. Cuando no había esta hipercomunicación, no había este problema. Antes salía Martes y Trece haciendo chistes sobre cualquier cosa y no pasaba esto. Si nosotros hubiésemos sido adolescentes en esta época del Tiktok, yo no sé qué cojones estaría haciendo, pero probablemente estaría cancelado o estaría compartiendo vídeos que no debería. Pienso que es una cuestión de la hipercomunicación, más que el humor tenga límites.

P: El humor es un fenómeno generacional, evoluciona con el transcurso de los años en función de las características de la sociedad. ¿Qué diferencias percibes en la escena humorística con respecto a cuando empezaste? ¿Cómo se adapta uno a esa transición cultural sin perder su identidad?

R: Al final, es esto que siempre se dice de creer en uno mismo. Como siempre fui un poco raro, nunca pertenecí a la escena ni hice grupito con absolutamente nadie. Siempre me sentí fuera de todo esto, un poco como el síndrome del impostor, preguntándome qué cojones hago aquí en medio si me gusta el death metal y la música medieval (risas). De todas maneras, yo tengo este San Benito de enfant terrible y de hacer humor negro, y para nada, no me veo nada representado con eso, creo que es más lo que la gente te coloca a ti y no lo que tú eres. De hecho, la gente se sorprende cuando viene a los shows y te dice: “ostia, es muy reflexiva la cosa”, porque se debían pensar que iba a ser el koruño del “mecagoentodo” y nada que ver. De hecho, el koruño fue la respuesta a algo que faltaba, es decir, nadie había hecho eso y lo hicimos nosotros por echarnos unas risas, luego la cosa se hizo grande. Entonces, lo que me valió a mí fue no pararme en los perros que ladran por el camino porque, generacionalmente, no es igual ahora que hace quince años, pero dentro de quince años tampoco será igual. En todo caso, nunca me he fiado de lo que está de moda. Recuerdo que, cuando empezaba, lo de decir que la comedia está en la izquierda era algo normal, porque los que estaban en el poder eran los de la derecha. Sin embargo, ahora está en el lado contrario y, de repente, el cómico quiere ser revolucionario con la idea estatal, es la puta misma mierda de antes, estoy un poco distanciado de eso. No voy a decir que soy apolítico, soy apolítico porque no voto, no creo en el Estado, soy un anarquista de manual. Entonces, no le caigo bien ni a los de un palo ni a los de otro, y creo que eso es indicativo de que lo estoy haciendo bien. No me interesa caerles bien a los de OkDiario o a los de Cadena Ser, me parecen lo mismo con diferente color. Esto te distingue, y te ponen un San Benito que, aunque no quieras, hace que te acaben colocando en algún lugar. Ahora hay tanta necesidad de ideas y de cosas nuevas que te catalogan al instante, pero mi idea nace de no tener idea, de no pertenecer a nada de esto. Lo único que tengo claro es esto de Sócrates, que sé que no sé nada, yo voy cambiando de opinión prácticamente a diario, y creo que es lo inteligente. Si te fijas, el rollo es casi emocional, ya no es cuestión de argumentos, no puedes hablar porque las personas han tomado las ideas políticas o filosóficas como algo suyo de su personalidad, por lo que sienten que los atacas a ellos y se defienden emocionalmente.

He tenido problemas ahora con chistes con los que te acabas preguntando cómo es posible que molesten. Es lo que ocurre con la figura de Franco, un señor de Ferrol al que le faltaba un cojón que sigue siendo la sombra más alargada del mundo. A mí me llamarán lo que quieran y me criticarán, pero es que a mí me hace gracia, es patético. A veces, nos damos tanta importancia que resulta complicado ya no solo hacer humor, sino opinar. Yo lo que procuro es ser fiel a mí mismo, al que le guste bien y al que no, también. Siempre digo que soy Moncho Borrajo, una vieja gloria, ya no estoy de moda, no tengo nada con la modernidad de Malasaña. Soy un señor heterosexual de 46 años de A Coruña, que se crio en los años 90 con una banda de punk, y ni soy moderno, ni pretendo hacer comedia moderna. Ahora estoy aquí, pero podría haber sido ebanista y pensar exactamente lo mismo, no creo que forme parte del círculo cultural. No me veo ni con obligaciones, ni creo que haya cambiado tanto. Es una cuestión personal de la valentía que tenga cada uno.

P: ¿Alguna vez has atravesado una crisis de principios con tu profesión, por verlo como un mundo de parafernalia e hipocresía?

R: ¿Y si te contestase que toda la vida y aquí sigo?

P: Es una respuesta lícita…

R: Estoy hasta las pelotas, sinceramente (risas). Me encanta lo que hago, me encanta hacer reír, y es innegable que, cuando te subes a un escenario, esa respuesta del público no la tiene todo el mundo. Tú vienes aquí a hacerme una entrevista y no hay 600 personas aplaudiendo y diciendo que eres la puta ostia, con lo cual, ya me parece una desigualdad y un privilegio que tengo, pero en mi fuero interno, soy un tímido enfermizo. La gente dice que no lo parezco, pero es así, soy una persona muy retraída y, realmente, me requiere un esfuerzo de la ostia. Todos los días que tengo algo que hacer, estoy alerta en todo momento, y mira que llevo 25 años haciendo esto. Evidentemente, cuando estás en el escenario, experimentas esa especie de exorcismo que nos pasa a todos con el que te vienes arriba y lo haces, pero creo que llevo en crisis constante desde que empecé. No me interesa hacer reír, no me gusta tener la obligación de ser gracioso, no me gustan las expectativas, ni conmigo ni con los demás. Entonces, te puedo decir que es una crisis constante (risas), porque yo lo que quiero es ser actor, a mí me gusta hacer personajes. Lo de la comedia ha sido lo que me ha dado de comer, y bendito sea, pero no he dejado de estar en crisis desde que empecé. Siempre ha estado esa patita de colgar la nariz de payaso y escribir libros, hacer perfumes… No me quiero considerar rarito, pero tampoco tengo muchos amigos cómicos, mi círculo es otro, son mis amigos de siempre. No creo en los círculos intelectuales de comedia, son reduccionistas. Imagínate una cena de cómicos… Una vez más, siempre está la expectativa. No tengo interés en formar parte de ningún grupo, y no lo hago por intentar ser guay, es porque siento que no tengo nada más en común con ellos que hacer chistes. Habrá quien haga comedia para enaltecerse y subirse el ego, y habrá gente que lo haga como yo, por una cuestión de expresarse. Más allá, te juro que no intento teorizar, porque no creo que haya mucho más. Siempre me he sentido bastante solo en esta escenita, no te voy a engañar, no encajo demasiado.

P: ¿El humor te ha servido para entender mejor al mundo o para entenderlo aún menos?

R: Me ha ayudado a entenderlo mucho más. Si bien he estado echando mierda de cojones, también digo que es algo casi filántropo, porque ayudas a la gente. Al fin y al cabo, esas dos horas que estás en el escenario constituyen una pequeña meditación, en la que la gente desconecta de la mierda que tiene en casa y está conectado contigo. Ahí sí que me pongo espiritual, ver que puedes cambiarle la cara y la energía a alguien que está mal me ha hecho entender y acercarme mucho más al ser humano. Siendo una persona tímida como soy, el hecho de ver cómo la gente se acerca a ti, el cariño que te da, o ver como algo baladí para ti tiene peso para el prójimo, pues está muy guay. Entonces, el humor sí que me ha ayudado a entender mejor el mundo, además de que yo soy un apasionado de la filosofía y la antropología, de entender cómo somos y cómo éramos, de cómo cambiamos. Me considero un observador, el sentarse a mirar a la gente me ha permitido descubrir cosas. Le estoy agradecido al humor y a las artes, que son el camino más rápido al espíritu humano. Por ese lado, el humor no deja de ser una pequeña carrera de sociología.

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