Quique González: «Mi propósito siempre es el mismo, escribir canciones que abriguen»

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Hablamos con Quique González, cantautor fundamental del panorama nacional, sobre la sensibilidad expresiva de la canción y la vigencia del vínculo con los escenarios

Foto: Fernando Maquieira

Las canciones son semillas que brotan en flores emocionales sumamente variadas, diálogos entre el compositor y el oyente a través de un espejo honesto del alma. Una buena canción se define por su capacidad para cumplir su propósito radical, despertar la sensibilidad latente, convertir el sentimiento en un destello sincero y catártico de uno mismo. Desde Cool Coruña, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Quique González, uno de los cantautores más importantes de la escena musical nacional, sobre la naturaleza comunicativa de la canción y la vigencia del vínculo con los escenarios.

P: ¿Quién es Quique González? ¿Cómo te definirías como músico?

R: Soy un músico que lleva desde los 17 años subiéndose a un escenario, haciendo canciones, y al que le sigue importando el oficio. Soy un luchador en esto, me sigue aportando mucho en mi vida, y canto profesional y personalmente. Es una pregunta muy difícil de contestar, pero después de esos 30 años, soy una persona que sigue enamorada de la música.

P: “1973”, tu último álbum, publicado el pasado 3 de octubre, nos remite a multitud de referencias y casuísticas vitales, a una reflexión contemplativa de las situaciones, inquietudes o inmediaciones de la vida y el tiempo, a través de esa lírica cargada de imágenes evocadoras e íntimas, combinada con el poderío contenido de la banda. ¿La canción es un refugio o una extensión de uno mismo? ¿Las mejores canciones nacen de la espontánea inspiración o de la introspección profunda?

R: Pues tiene que ver con las dos cosas, con una mirada hacia dentro. Intento escribir canciones que me ayuden a explicar, a comunicarme y a mantener un diálogo con la gente que las escuchas. Dentro de un disco o un cancionero, hay canciones que salen casi de forma intuitiva, que las escribes porque tienes algo dentro que te estás preocupando o conmoviendo, y necesitas sacarlas fuera. En mi caso, hay una o dos canciones de cada disco que vienen así, de ese tipo de intuición, pero hay otras que tienen más que ver con el pico y pala, con contrastar con mis cosas e investigar en mis sentimientos. Esas inquietudes se hacen carne en una canción.

P: El consumidor actual está sumergiéndose en la tendencia de la explicitación lírica, en la evidencia absoluta en letras que ya no surgieren, que ya no cobijan una verdad más allá de sus versos y simplemente narran. ¿Nos estamos volviendo esclavos de esta tendencia? ¿La metáfora o las imágenes poéticas enriquecen el sentimiento de cualquier canción?

R: Es cierto que, como vivimos en la cultura de la inmediatez, esas canciones explícitas y más lineales sean las que triunfen masivamente, pero tampoco sería tan catastrofista. Hay grandes escritores de canciones que siguen teniendo una intención poética y que también triunfan masivamente, pondría de ejemplo al tristemente desaparecido Robe Iniesta. Cuando nos dejó, estaba haciendo los mejores discos de su vida y llenando grandes auditorios, por lo que una cosa no anula a la otra. Sigue existiendo mucha gente con un lenguaje poético y que no va directo a lo obvio. Hace poco salió el último disco de 091, que tiene unas letras increíbles y que todo el mundo está valorando como uno de los mejores discos de su carrera. Siempre habrá gente para la que sea esa intención y profundidad poética.

P: Esta pregunta me lleva a concebir la discografía de cualquier artista en un sendero emocional que madura con el paso del tiempo, de forma paulatina, pero sin pausa, y este último disco nos traslada a una especie de recopilación experiencial. Si realizáramos una revisión general de todos tus trabajos discográficos, ¿qué valoración harías de todos estos años de carrera? ¿a qué propósito responde “1973” dentro de tu trayectoria discográfica y personal?

R: Mi propósito siempre es el mismo, tratar de escribir canciones que acompañen a un determinado número de personas durante un tiempo y que les retrotraiga a momentos de su vida, sean de celebración, emoción, pérdida… Mi intención siempre es escribir una colección de canciones que abriguen, que tengan la capacidad de emocionar. He intentado siempre hacer mi camino, hacer mejores canciones, cantar mejor, tocar mejor, etc. A veces estamos más o menos inspirados, pero mi intención siempre es hacer el mejor disco de mi vida cada vez que me enfrento a una colección de canciones nuevas. Me siento un privilegiado por llevar 30 años realizando mi oficio de una forma digna, y me siento con la suerte inmensa de contar con un grupo de seguidores que han sido fieles. Nunca he tenido un éxito masivo, pero siempre he tenido seguidores muy leales y considerablemente numerosos. Entonces, poder seguir haciendo mi oficio de forma digna es el mayor premio que puedo tener, y mi horizonte es tener la posibilidad de continuar este camino. Tengo compañeros que no han tenido la misma suerte, la industria de la música es una trituradora, y yo sigo ahí, haciendo canciones y saliendo a tocar. Esa es la valoración que hago.

P: El 28 de febrero tocas en el Auditorio de Ferrol, una fecha que forma parte de la gira presentación del disco. La relación entre la carretera y el músico siempre es especial, perseverante, y se acaba convirtiendo en una confidencia, pero también puede resultar desgastante. ¿Cómo es tu relación actual con la carretera? ¿Es saludable o se hace más complicada conforme pasan los años?

R: Pues mira, en esta gira estamos haciendo algunos de los mejores conciertos de mi trayectoria. Mi relación con el escenario sigue siendo tan buena como que, para mí, el mejor momento de la semana son las dos horas que estoy tocando en el escenario para gente que viene a escucharlas, así que eso se mantiene intacto. Sí que es cierto que los viajes se hacen cada vez más duros. El otro día íbamos en la furgoneta camino de Córdoba y había un viento terrible, llovía mucho y la furgoneta se movía muchísimo (risas), y ahí hay un punto en el que piensas que estamos locos para seguir haciendo esto, hay momentos críticos, pero supongo que es parte de esto. La gente que conduce un camión cinco días por semana también tiene estas preocupaciones, se están jugando la vida en la carretera y seguro que pensarán si merece la pena o no. Para mí merece la pena, me compensa estar viajando continuamente por el hecho de vivir esas dos horas cantando y soltando mis cosas, hacerlo con una banda fantástica como la que tengo, y con un equipo increíble de personas, a nivel humano y profesional. Ojalá me siga compensando.

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