Hablamos con MäBU, formación liderada por María Blanco Uranga y Txarlie Soriano que construye su sonido en el enfrentamiento sinérgico entre la franqueza de la guitarra y la magia de la voz

Las infinitas posibilidades compositivas que alberga el arte de la música convergen en la misma búsqueda del propósito que las alimenta: la canción. El gran misterio de la creación artística, podríamos definir la canción como una entidad superior, un concepto trascendental que se manifiesta en forma de serendipia íntima en el fragor conceptual del músico, pertinaz en la empresa de conferir una voz única a sus sentimientos. Desde Cool Coruña, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a MäBU, formación liderada por María Blanco Uranga y Txarlie Soriano que explora los vértices de la sensibilidad a partir del duelo innato entre la guitarra y la voz.
P: ¿Qué es MaBÜ? ¿Cómo os definiríais como formación?
R: Nosotros nos concebimos como una banda de canciones, no hay más.
P: ä – El Sonido de Una Tierra Escondida es un disco especial, un trabajo que remite al oyente a una atmósfera completamente espiritual e introspectiva, en esa odisea sonora que transita entre la calma y la tempestad. Un disco que culmina la madurez definitiva de la formación. Después de 17 años de trayectoria con este proyecto, ¿qué significa este disco para vosotros?
R: Este disco, de alguna manera, pone en valor muchos años de carrera con una forma muy concreta de hacer canciones y de vestirlas. Siempre hemos creído que la producción más escueta es suficiente para emocionar y acompañar a la gente que ya conectó con nosotros desde el principio. Muchos grupos de gran formato se llevan canciones al acústico para presentarme en sitios diferentes o más pequeños, y lo que permanece siempre es la canción desnuda, sin tanto arreglo ni parafernalia, y nuestra manera de componer va en esa línea. Entonces, este disco nos ayuda a reafirmarnos en esa forma de crear.
P: ¿Cuánto de especial hay de dar acordes y letras a situaciones vitales, qué complejidad entraña?
R: Para un músico siempre es especial hacerlo de esa manera. Nos dedicamos a inventar o contar historias porque la música conecta con anhelos de la gente que, de otra forma, pues no se podría hacer. Por esa razón es absolutamente especial y necesario, y es lo que le da sentido a empezar un proyecto musical.
P: ¿El contraste de sonidos eléctricos y acústicos fue una decisión deliberada o espontánea de representar la naturaleza volátil de la vida?
R: En realidad, nuestra manera de vestir las canciones siempre la hemos concebido como un duelo entre mi voz y la guitarra de Txarlie, por eso la guitarra eléctrica y la voz son elementos tan característicos en MäBU. Al final, no dejamos de ser dos los precursores de esta banda, y nos gustaba la idea de que se fuese entendiendo que esto era un equipo, pero también un duelo entre la guitarra y la voz. Este tipo de arreglos cada vez han sido más deliberados, aunque sí que es verdad que hay canciones, como todo en la vida, que se prestan más a vestirse con más energía y otras son más calmadas. Nos gusta que la gente, cuando escucha un disco nuestro, esté inmersa en un viaje sonoro, que no todo suene igual.
P: MaBÜ es un proyecto que aboga por la paciencia del oyente e invita constantemente a una escucha atenta que incite a la reflexión. Con este último disco soltáis «la cola del león» de la industria musical para abrazar «la cabeza de un ratón» y abrazar la libertad de ser. ¿Qué relación tenéis con el mainstream y el consumismo musical vacuo que está creciendo en la sociedad?
R: Como todo, la música y la industria están cambiando, y lo que ocurre es que, para la gente de nuestra generación, la música actual va demasiado rápido, nos cuesta introducirnos en tanta inmediatez. Se ha perdido la escucha paciente de doce canciones, de abrir un CD y leer un libreto, ver las fotos… Nos tenemos que adaptar muy rápido a muchos cambios. Además, las redes sociales generan una enorme oferte de grupos nuevos, y ahora se pueden grabar discos en casa. Hay gente con muchísimo talento produciendo discos en casa, pero también hay otras personas que hacen música sin ningún tipo de ambición, simplemente lo hacen por puro juego, y de repente tienen la suerte de posicionarse y viralizarse. No obstante, es la gente la que pone al músico en el lugar que ocupa, y contra la gente no se puede ir. Pensamos que las personas deberían distinguir mejor qué es lo que se toca de verdad o lo que está grabado cuando van a ver un concierto, y que a partir de ahí decidan qué consumir de manera consciente. Educacionalmente, se ha perdido la cultura de consumir el puro directo en salas donde tengas a los músicos cerca, sobre todo en la gente joven. La gente joven consume cada vez más conciertos masivos, en recintos gigantes, es una realidad paralela. Al que le encanta el fútbol disfruta tanto en un campo enorme como en una pachanga, pero para quienes nos gusta la música no ocurre lo mismo. Parece que siempre hay que ir a los eventos grandes, y ahora se hacen sold-out en estadios a un año vista. Nosotros estamos muy lejos de esa industria, hay mucha distancia entre lo que es MaBÜ y Aitana, por ejemplo, demasiada.
