Hablamos con Héctor Francesch, pintor e ilustrador que confecciona su particular universo creativo a partir de la libre experimentación y el predominio del color como recurso radical

La definición del método en cualquier actividad artística dota al creador de una precisión mayor a la hora de trabajar con el detalle, consecuencia de la claridad que ofrece un orden riguroso de proceder. Solemos concebir el arte y la ciencia como campos completamente opuestos, pero ambos colindan en que son conceptualmente abiertos y que requieren de un metodismo sistémico para materializarse. Desde Cool Coruña, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Héctor Francesch, pintor e ilustrador que funda su particular estilo pictórico en la experimentación y el gobierno absoluto del color.
P: ¿Quién es Héctor Francesch? ¿Cómo te definirías como artista?
R: Héctor Francesch es un chaval que empezó muy joven queriendo ser artista, con 16-17 años, sin tener ni idea y teniéndolo todo en contra. Sin saber muy bien cómo, y a base de insistencia, tengo 27 años de profesión y aquí estoy, trabajando y viviendo de lo que más me gusta hacer, que es la pintura, el arte y la creatividad.
P: Tu estilo se puede catalogar como figurativo, como un universo de color que toma diferentes elementos de la imaginación para crear una escena sumamente evocadora. ¿Por qué el color tiene esta presencia en tu obra? ¿Qué significación tiene para ti a la hora de abordar tus cuadros?
R: Entiendo la pintura como un espacio de libertad, un espacio en el que puedo decidir lo que pasa. Como el arte es un salvavidas para mí, me interesa que sea un sitio divertido y amable, porque son mis pensamientos al final. Aunque he trabajado y he hecho piezas en blanco y negro, y me gusta hacerlas porque me supone todo un reto, pues el color es un recurso que salva detalles, veo las cosas como las veo. Como vivimos en un mundo que es como es y no se puede cambiar, puedo decidir cómo va a ser el universo que planteo en mi pintura, y así he decidido que sea.
P: ¿Te guías por el caos creativo, o te consideras un artista que trabaja desde el método?
R: Claramente, soy un pintor metódico. Mi trabajo y mi persona están íntimamente ligadas, somos lo mismo. Aunque mi vida privada la mantengo super privada, y me interesa mantenerla así, mi personalidad está claramente reflejada en mi trabajo, a todos los niveles. Entonces, al igual que me gusta vivir en mi casa con un cierto orden, necesito que mi estudio sea un sitio ordenado, y como necesito que sea un sitio ordenado, necesito que mi trabajo y producción también lo sea. No digo controlar, porque cuando me pongo en el trabajo creativo de crear la imagen evidentemente me dejo llevar y aparecen azares, pero cada vez que empiezo una pieza la tengo proyectada previamente, tengo un boceto que tengo claro como lo voy a materializar. Entonces, hay un poquito de azar que sale de las horas de trabajo, pero cuando llego a la obra final y llega a un soporte físico, ya tengo claro al 99% lo que va a pasar.
P: Tu estilo es completamente reconocible, cualquier consumidor de arte que conozca mínimamente tu obra sabe identificar un cuadro tuyo cuando lo ve. ¿Cuándo fue el momento en el que diste con la clave para llegar a tu concepto? ¿Cómo fue el proceso hasta llegar ahí?
R: Lo fundamental y de lo que hay que partir es de ser uno mismo, no puedes ser otra persona, tiene que haber sinceridad en tu trabajo. Lo primero por lo que tienes que hacer esto es por amor, no por dinero ni por ego, tienes que empezar a hacerlo porque crees que tiene que ser así, y después vendrá lo que tenga que venir. Yo soy autodidacta, no soy de escuela, y he aprendido todo lo que sé a partir de prueba/error. Entonces, yo empecé «copiando», me inspiraban una serie de artistas y yo «robaba» mucho de esos artistas para soltarme con el pincel, hasta que llegó un momento que me di cuenta de que si quería ser Héctor Francesch tenía que pintar como Héctor Francesch, por lo que miré hacia mí mismo y reflexioné sobre lo que me hacía feliz, y empezaron a aparecer temas que definían mi pintura y a mí como ser humano. Evidentemente, utilizo una plástica deudora de todos los artistas en los que me he inspirado, pero también pasa que soy un rara avis por ser una encrucijada total entre pintor, ilustrador y diseñador. Al final, por mi mente pasan un montón de cosas que después tienen una producción formal que puede ser muy diferente.
Normalmente, al estilo se le llama hacer siempre lo mismo. Durante todos estos años he hecho cosas muy diferentes con una marca que las une, y es que no ha sido hacer siempre lo mismo. No me he quedado en el cuadro fórmula, sino que sigo investigando y puede que de aquí a diez años esté haciendo algo completamente distinto.
P: Se puede observar que la geometría y los motivos cotidianos están muy entrelazados en tu obra. ¿Por qué?
R: Esto empezó hace unos años, porque cuando empecé con la pintura no era tan geométrico, sino que era más orgánico, y los temas que trataba tampoco lo pedían. Esto comenzó en 2017 o 2018, cuando empiezo a sintetizar mi trabajo y empiezo a partir del pictograma, de lo más sencillo. Lo que me propongo es sacar de lo mínimo lo máximo. Como mi trabajo siempre ha tenido una evolución natural, tenía ganas de pintar y tocar temas que apenas había tratado, como el bodegón o escenas de interior, porque precisamente quería también retomar el cómo me sentía como ser humano, y la pintura es un medio a través del cual puedo expresarme y contar cosas. La geometría fue heredera directa de esa visión sintética y pictográmica de las cosas, y lo que ahora busco es hacer formas completamente sintéticas, con perfiles Bauhaus, pero no son piezas minimalistas porque son muchos los elementos que participan en las piezas. Ahora estoy en un momento muy geométrico, y quizá me mantenga o quizá no, yo no llevo la pintura, la pintura me va llevando a mí.