Israel Fernández: «El sentir se transmite con hechos, no se explica»

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Hablamos con Israel Fernández, uno de los máximos referentes de la escena flamenca nacional en la actualidad y defensor del innatismo sensible del cante

Foto: The Office Comunicación (cedida)

Los principios del flamenco lo fraguaron como un desahogo honesto, un salvoconducto al yugo de la miseria y la sordidez que experimentaron sinérgicamente el pueblo gitano y la sociedad andaluza a partir el ocaso del Al-Andalus. Sin embargo, como tantas otras maravillosas contradicciones que gobiernan la existencia, en un escenario tan devastador nació algo tan poderoso e inefable como el sentir flamenco, la materialización sonora más pura de la sensibilidad humana. Desde Cool Coruña, hemos tenido la oportunidad de entrevistar (a raíz de su reciente actuación en el Teatro Colón, dentro la programación del festival Noites do Porto) a Israel Fernández, uno de los exponentes fundamentales para comprender la escena flamenca actual, y un fervoroso adepto y creador del sentimiento innato, consecuencia directa de una transmisión desgarradora fundada en la impresión total de la emoción en la voz.

P: ¿Quién es Israel Fernández? ¿Cómo te definirías como cantaor/músico?

R: Es difícil definirse a uno mismo, pero humildemente, yo soy un apasionado por el cante, así que, si me tuviera que definir, diría que tengo un órgano más en mi cuerpo, que es la música.

P: ¿Cómo cantaor, ¿dónde reside esa capacidad única del cante para llegar a las láminas más profundas del corazón? ¿Hay un componente innato en él?

R: Antes lo hablaba con unos amigos. Todos los instrumentos, como la guitarra, el piano o el violín, se pueden llegar a aprender a tocar, aunque siempre influye la inspiración y talento del artista, pero el cante no se aprende, es nacido, para cantar se tiene nacer. Luego se puede mejorar, pero ese instinto de afinación y de ritmo solo se puede adquirir naciendo, no se aprende.

P: ¿Es fácil llevar el flamenco como una manera de ver y vivir la vida en una industria musical que está tendiendo a lo inmediato y a productor más aparentes que verdaderos?

R: El flamenco es de minorías en el sentido de que es sensibilidad y de corazón, entonces, no es que sea fácil o difícil, es que es cuestión de transmitir.

P: El flamenco nació como una forma de expresión del sufrimiento y la desesperación de las clases bajas. En sus primeras formas, el cante flamenco era la manera de liberar los sentimientos de angustia acumulada. ¿Qué se siente al ser uno de los portavoces de un género secular como lo es el flamenco? ¿Cómo se puede conservar la identidad del flamenco en una sociedad cada vez más confusa y repleta de estímulos instantáneos?

R: Se siente mucha presión, cuanto más mayor se hace una persona más consciente se vuelve sobre lo que hace, y las comparaciones con referentes como Camarón a veces son odiosas, y con otros muchos artistas flamencos a los que yo estudio o escucho porque los disfruto. Realmente, se siente una responsabilidad y un gran respeto, pero tampoco pienso mucho en ello, porque si lo hiciera no cantaría.

P: Hablemos sobre tu último álbum discográfico “Por amor al cante”, con el guitarrista madrileño Antonio “El Relojero”, una amistad que lograsteis elevar a la sensibilidad flamenca en este proyecto. ¿Cómo lo viviste tú desde dentro, durante el proceso de creación?

R: Para mí, con Antonio “El Relojero” siempre me dejo compartir porque, aunque vivimos lejos y él me lleva 20-30 años, compartimos la misma forma de sentir. Entonces, hay un aprendizaje precioso que radica en compartir la misma afición o pasión en diferentes épocas. Conocerlo a él y trabajar en este proyecto fue todo un privilegio para mí.

P: Para terminar, una pregunta determinante. ¿Qué es el sentir? ¿Cómo se lo explicarías a alguien que no lo ha concebido de primeras?

R: Que difícil pregunta. El sentir no se puede explicar, ya lo dice la propia palabra, “sentir”. El sentir es como el sabor, tú no le puedes explicar a alguien como sabe algo si no lo ha probado. Entonces, el sentir es como la comida, si no lo pruebas, no lo sientes. El sentimiento se transmite por los hechos, no se explica.

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