Hablamos con Guille Milkyway, fundador y artífice artístico de La Casa Azul, el refugio musical exento de la hostilidad de la vida, donde ser uno mismo es condición obligatoria para entenderlo

Alcanzar la maestría en el arte de la vida precisa de una concatenación de experiencias que no siempre sabemos afrontar. El paso inexorable del tiempo tampoco ayuda a la culminación de la excelencia existencial, nos somete a una lucha continua contra la complacencia y la resignación. Este escenario evidencia la necesidad básica que constituye la música para nuestro día a día, como un refugio honesto en el que nos resguardamos de la violencia de lo cotidiano y podemos conocernos en profundidad. Desde Cool Coruña, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Guille Milkyway, fundador de La Casa Azul, uno de los grupos referentes de la escena nacional indie-pop por su capacidad para construir un universo de catarsis eufórico protegido de las adversidades de la propia realidad.
P: ¿Qué es la Casa Azul? ¿Cómo definirías a este alter ego?
R: Es una pregunta complicada, pero te digo como lo siento. Desde el inicio fue como una especie de refugio, era un lugar donde, de pronto, desaparecía toda la violencia, agresividad y todo el malestar que a veces sentía en el mundo, y ahí podía hacer lo que quería, desde la evasión más puras hasta decir todas las verdades que quería decir y nunca me atrevía en mi día a día. Con el paso del tiempo, La Casa Azul se ha ido transformando en un amigo que uno tiene al lado, que algunas veces se aleja, en otras ocasiones vuelve a estar contigo, pero que sabes que siempre va a estar ahí y que va a ser tu refugio para cuando lo necesites. También me ha permitido poder expresarme con plenitud en la vida, estoy convencido de que si no hubiera montado esto habría tenido una vida más jodida, más agobiante.
P: Con esa identidad sonora tan identificable, una amalgama de géneros como Bubblegum, sunshine-pop, europop o la música disco. Pop hiper melódico y la música de baile más eufórica, con La Casa Azul has construido un paraíso infinito que nos ayuda a olvidar el mundo. ¿Cómo es el proceso de dar forma a un universo interior, inquietud o visión de las cosas? ¿Qué partes de tu filosofía individual trasladas a tu música?
R: Yo intento que sea toda, digamos que precisamente hice esto para poder expresarme en plenitud, como te decía. Entonces, hay un pilar del proyecto que es el no prejuicio, que yo que había estado en varios grupos, me había dado cuenta de que costaba, que habías ideas preconcebidas. Sin embargo, construir esta especie de fantasía únicamente mía me permitía hacer lo que yo quería con total desprejuicio, dando una patada a la ortodoxia, y eso tiene bastante que ver con mi manera de funcionar en el mundo. Hay una parte infantil, porque ese desprejuicio te lleva a esa mirada más libre de los niños, y yo soy así, sintiendo que la única manera de expresarme en plenitud es con esto y no con otros grupos.
P: ¿Hay miedo en la industria musical a la hora de querer salirse de las reglas que la rigen? ¿Te ha afectado de alguna manera?
R: Supongo que existe, pero también pienso que hay un cierto discurso al que uno se va amoldando, y que no termina realmente verdad. De entrada, siempre he hecho lo que he querido, y he tenido la suerte de estar en un sello que nunca me ha exigido nada a ese nivel de industria (a nivel de tiempos, a nivel de cómo tienen que ser las cosas), pero es como ese discurso de que hoy en día ya no se pueden hacer discos para ser escuchados enteros, y no es cierto del todo. Es verdad que a nivel mainstream acaban formando parte de una fórmula, pero eso siempre ha sido así de toda la vida. También la industria de los 60 estaba conformada de singles de 3 minutos, por lo que eso que se dice que el rock progresivo podía hacer llegar canciones de 6 o 7 minutos a un público masivo también puede pasar hoy en día, no es lo más habitual, pero puede suceder. Además, te diré que la estructura actual te ofrece una posibilidad que hace veinte años no existía, y es que tú puedes poner el foco en una plataforma digital en canciones que quizás se perderían en el pasado, en mitad de un disco, porque tenías que sacar singles que realmente funcionaran como tal, y hoy no es tan así. Por ejemplo, el 19 de septiembre salió el nuevo disco de Soleá Morente, en el que estuve trabajando, y decidimos que el último avance del disco iba a ser una canción muy pequeñita, vacía, que aparentemente no cumple con ese precepto de lo que es un single, y a lo mejor eso hace veinte años no habría sido posible.
Inevitablemente hay algo que sí aprecio en las bandas más jóvenes, y es que todo es a tiempo real y muy explícito. Entonces, tú lanzas una canción y al día siguiente estás viendo cuantas reproducciones tienen en tiempo real, dónde se está escuchando y qué se está comentando al instante, algo que antes no sucedía porque había más distancia temporal, física y virtual, y eso permitía una cierta liberación creativa que ahora para según qué grupos resulta más complicado encontrar. Esta es una lucha en la que procuro que me afecte lo menos posible, porque parte de la gracia de dedicarnos a esto es esa libertad y ese viaje que tiene uno a la hora de crear.
P: La Revolución Sexual fue una canción que rompió todos los esquemas de la música nacional, una propuesta disruptiva que podía servir incluso de terapia para los oyentes, con esa relatividad eufórica con la que se aborda también el álbum homónimo. ¿Cómo te sientes al darte cuenta de que esta canción es un himno de la música nacional? ¿Se pierde la esencia del hacer música una vez se entremezcla con la vorágine del éxito?
R: Es que mira, realmente siempre he sido un poco escéptico porque no fue exactamente así. Con nosotros todo ha sido muy paulatino y orgánico, hoy en día esa canción tomó ese camino porque fueron pasando cosas un poco azarosas en torno a la canción, y que la han situado en un lugar más allá de lo puramente cercano al grupo, y es una canción ha tomado el camino de llegar a que la gente la escuche sin tener ni idea de quien es La Casa Azul, y te diría que la historia de la música pop contemporánea se construye a base de canciones que a veces no tienen dueño para todo el mundo, o que pasa por delante del artista. Es el debate entre la obra y el artista, y yo siempre he creído que lo que es relevante para todos son las obras, y a los artistas pues gracias y muy buenas (risas), me siento cómodo en ese papel. Y luego lo que te digo, fue algo paulatino, nunca hemos sentido la sensación de ser un grupo que pasó del amateurismo total al plano mainstream, nos seguimos considerando parte de la escena independiente y underground, y de vez en cuando estás en la frontera del foco mediático, pero tanto yo como mi sello seguimos funcionando de una manera parecida a como lo hacíamos hace 25 años. Sí que es cierto que hay que profesionalizar ciertas estructuras relativas a tocar en directo o preparar algunas cosas a nivel de promoción, pero no te creas que ha cambiado nada en demasía. Me considero afortunado porque podemos hacerlo y podemos competir en una industria muy dura funcionando de una manera muy autosuficiente.
Por último, de La Revolución Sexual te diría que he tenido suerte porque es una canción que identifica bien al grupo. Podría haber pasado que la canción que hubiera tomado ese camino más mediático fuera una rareza que se te vino a la cabeza al día, y de pronto te conviertes en esclavo de algo que no representa lo que eres, pero La Revolución Sexual nos representa bien como grupo. Si alguien me pidiera que definiese La Casa Azul con una canción, la metería en ese pack de cinco que mejor ilustran el universo del grupo.
P: Para terminar, cuéntanos sobre tus proyectos futuros
R: Bueno, el disco de Soleá Morente lo hemos estado trabajando durante un año y medio o dos en todos los niveles, y conseguimos hacer un equipo creativo muy férreo. Evidentemente es un disco suyo, pero me he involucrado mucho personal y artísticamente, y me hace mucha ilusión que se haya publicado ya. Por otro lado, ahora que ya está terminado y que me he sacado de encima otras dos o tres producciones, vuelvo a retomar a fondo la grabación del disco nuevo de La Casa Azul, que saldrá en algún momento del año que viene, previsiblemente antes del verano.

